Dialogando en el Café Salambó

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lunes, 11 de octubre de 2010

Coincidencia


Las coincidencias en la literatura, entre lectura y escritura, a lo largo de ese magma nada caótico de carambolas que nos acechan, unas veces son felices y otras simplemente no las recuerdas.
Leyendo al rey del género híbrido, Vila-Matas, descubro que un personaje mío, sin saberlo él, compartía con Cortázar una manía, que es la que en su libro "Dublinesca" me cuenta Enrique: (...) Cortázar viajaba de niño lentamente con un dedo por los mapas de los atlas y paladeaba el sabor embriagante de lo incomprensible, (...) (Página 86)
La felicidad de la coincidencia es que la manía, suponiendo que fuera cierta, y si no, también, fuera de Cortázar a la vez que de mí mismo suplantando realmente al personaje de mi cuento "Biografía".

martes, 10 de agosto de 2010

Asma

Yo apuntaba a asmático, como Benedetti, como Proust, como el Che. Pero hice por evitarlo y estuve vacunándome contra el mal de la falta del aire. Pero no sé, a veces dudo y creo que me equivoqué abortando ese, acaso único punto en común.

martes, 27 de julio de 2010

Cruz vs. Gabo

Juan Cruz, le dijo una vez a Gabo en casa de Carmen Balcells:
- Gabo, no quiero morirme sin hacerte otra entrevista.
Y me dijo, veloz, jugando con una miga de pan:
- Pues no te mueras.
(página 61, de "Egos revueltos" XXII Premio Comillas. Col. Tiempo de memoria. Tusquets Editores)

domingo, 25 de julio de 2010

A VECES

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien César Vallejo:
"lo digo y no me corro"
Pero él disimulaba.

ÁNGEL GONZÁLEZ

Tópico



 
Estamos hechos de tardes de domingo. De esos momentos en los que nuestra alma está al límite de sus posibilidades y somos capaces de asistir al nacimiento de una nueva arruga o una nueva cana que nos aleja de la vida. Y crece el saco de la añoranza y de la prisa por vivir todo aquello que va tiñéndose de utopía. Y echamos mano de un libro, de un texto, de un poema que nos confirma la tragedia del tiempo. Tardes de domingo en las que parece que todo se ha terminado. El final de un tío vivo en el ánimo de un niño que siempre quiere más, que nunca entiende por qué dura tan poco el paseo.

El lunes estrena una nueva ilusión de estar vivo en una carrera de fondo hacia los sueños. Una forma también de pagarse el tiempo mientras lo pierdes, para ganarte una nueva tarde de domingo.

sábado, 8 de mayo de 2010

Madrid

Acudo invitado al Camarote 503, un grupo de editores, lectores y escritores. Camino del local, en el barrio de Malasaña, paro en el Café Comercial frente a la Glorieta de Bilbao. Y me acuerdo de la Romántica banda local, uno de los innumerables grupos de los inicios de la movida madrileña. Tantos hubo que ni si quiera algunos de los tertulianos la recuerda. Yo tenía quince años cuando escuchaba letras como esta: Calles de Bilbao, Luchana y Fuencarral/horchata en la glorieta y churritos en el bar/tu eres mi morena y te llevo a pasear/yo voy a darte un beso/ tu me vas a abrazaaaaaaaaarrrrrrr
Después, nos zambullimos en el tinglado de las letras.

viernes, 16 de abril de 2010

Relectura

A veces deberíamos seguir releyendo toda la vida. Es el placer de reincidir y recaer de nuevo, convalecientes de literatura. Unas veces, egoistas y convencidos del placer, otras, por puro experimento, para ver qué ocurre esta vez, paladeando el riesgo a equivocarnos, que es otra forma más sutil del mismo gozo.
Estos últimos días me he puesto en práctica ambas maneras de releer. Dos novelas de dos maestros de la narrativa.
Por un lado, "Travesía del horizonte", la segunda novela del genial Javier Marías. Por otro, "Cerbero son las sombras", la primera novela del poliédrico, desconcertante y fantasmagórico Juan José Millás.
Después de ambas relecturas placenteras, -que cada lector las coloque en la categoría que le parezca de las dos que aventuraba al principio-, simplemente, una  conclusión: ahora ya, no hay duda de que Marías y Millás, Millás y Marías, son dos enormes escritores aunque para mi, la diferencia fundamental entre ambos es que entonces, Millás ya era un escritor enorme.