El sábado 25 de enero de 2014, la sala polivalent de la Biblioteca de Can Baró de Corbera del Llobregat (Barcelona) se llenó para asistir a la primera presentación en Catalunya de "Las tres caras de la moneda". En representación de la regidoria de cultura de l'ajuntament inauguró y cerró el acto Isidor Schmid. La prestigiosa escritora catalana Maria Carme Roca diseccionó con precisión las múltiples caras del libro y mantuvo un interesante debate con el autor, Jorge Gamero.
domingo, 26 de enero de 2014
Presentación "Las tres caras de la moneda". Biblioteca Can Baró de Corbera de LLobregat, 25 de enero de 2014, con Maria Carme Roca.
El sábado 25 de enero de 2014, la sala polivalent de la Biblioteca de Can Baró de Corbera del Llobregat (Barcelona) se llenó para asistir a la primera presentación en Catalunya de "Las tres caras de la moneda". En representación de la regidoria de cultura de l'ajuntament inauguró y cerró el acto Isidor Schmid. La prestigiosa escritora catalana Maria Carme Roca diseccionó con precisión las múltiples caras del libro y mantuvo un interesante debate con el autor, Jorge Gamero.
lunes, 6 de enero de 2014
Maneras de volver, de Rafael Soler
Maneras de volver
Rafael Soler
Madrid, 4ª edición de 2011
Poesía. Colección Baños
del Carmen nº 187
Ediciones Vitrubio
ISBN: 978-84-96830-96-7
Pocas veces había tenido tanta curiosidad por
un libro de poesía y por un poeta como hasta ahora. Curiosidad literaria y
vital y llegados a este punto incluso diría que necesidad. Necesidad de leerlo,
dos y tres veces algunos poemas, reflexionarlo y finalmente caer en este
estigma y esta trampa inevitable de escribir sobre el fenómeno literario, para
eso somos escritores sin remedio. Es una necesidad que ha nacido de la
inteligencia del azar y que tiene algo también de legítimo egoísmo. Porque
Rafael Soler tiene hechuras de ángel en la tierra de los letraheridos y todo lo
que toca, lo dignifica. Así que aquí estoy, resuelto a abandonarme a lo
inevitable de su palabra.
Desde que llegué a Madrid hace más de cuatro
años, el nombre de Rafael Soler aparecía con frecuencia en mis conversaciones
con escritores de la ciudad, y en mis múltiples visitas al Café Comercial de mi
corazón, la estampa y los modales de dandi de Rafael no me pasaron
desapercibidos, antes incluso de asociar el nombre a la imagen y ni siquiera
fisgonear por ese tercer ojo moderno llamado Internet. Era él, estaba claro,
las descripciones coincidían con el empaque y la voz de excelente rapsoda. Pero
faltaba lo más importante: la obra. Entonces, después de tropezarnos en
silencio tantas veces por el Comercial, una tarde, con la coartada de una
ausencia, la de nuestro amigo común Paco Moral, ya se sabe, dime con quién
andas y te diré quién eres… entablamos nuestra primera conversación. Rápidamente,
cambiamos cromos como los niños. El me envió su novela El corazón del lobo reeditada en el 2012 por Ediciones Evohé,
treinta años después de su aparición, y yo le devolví la cortesía con mi
primera y última novela juvenil Simón,
no; Saimon editada por Alfaguara.
El corazón del lobo resultó ser, como le escribí entonces, algo de lo más
desconcertante que he leído en mi vida. Desconcertante en el más literal y literario
sentido del desconcierto. El texto es de una tensión lingüística espectacular,
línea a línea, llevada casi al extremo de la escritura automática. Cada
palabra, cada frase, cada página significan sin descanso. El texto, se
convierte así en una narración delirante, febril, de una tensión evocativa que
te obliga a leer la novela a sorbos, y saborearla como un poema. Por lo demás,
diré que se trata de una historia de amor anterior a la invasión post moderna
del paraíso de los años sesenta y setenta, en un marco triangular que podría
estar representado entre las Islas Pitiusas, su Valencia natal y Madrid. Una
historia de amor que lleva un nombre, el de Lucía, como causa y consecuencia.
Rafael
me contestó con una carta manuscrita, un anacronismo dicho sea de paso que ya
daba uno por muerto, esa comunicación epistolar a la que tantas horas
entregamos cuando éramos más jóvenes. En ella sencillamente valoraba y
agradecía la lectura de mi novela juvenil con el mayor elogio recibido hasta
entonces: me decía Rafael que mi novela era necesaria… No sé si fue por eso especialmente,
que poco más tarde Simón, no; Saimon,
optó al Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil a la mejor novela
publicada en el 2012.
Establecida
esa difícil complicidad, después del verano del año pasado, yo quería que la
lectura de la poesía de Rafael Soler acompañase al otoño. Y compré este
magnífico libro, Maneras de volver.
Este
dandi, novelista, poeta, sociólogo, que fue profesor de la Politécnica de
Madrid; también es ingeniero. No tuve más remedio que acordarme de aquel verso,
¿Le parece a usted correcto que un
ingeniero haga versos?, de ese bello y duro poema titulado Biografía, de ese otro magnífico poeta
como lo fue el también ingeniero Rafael Múgica, quien quizás en ese poema esconde
las razones por las que decidió renombrarse como vate con el seudónimo de
Gabriel Celaya. Pero sobre todo, me llamaba la atención cómo sería un libro de
poemas, con un título excelente y tan sugerente como Maneras de volver, escrito nada menos que después de veinticuatro
años de silencio, tras unos años ochenta en los que el autor había publicado
numerosos libros, novelas y poemarios, y obtenido un puñado de importantes
premios. ¿Qué iba a encontrarme después de ese misterioso silencio?
Y lo que
he encontrado es un libro de poemas impecable, perfecto, un espejo del Rafael
Soler más íntimo a la vez que más rotundo e inteligente. Un libro que a día de
hoy, si no me falla la información ya va por cinco ediciones y algunas
traducciones a varias lenguas.
Maneras de volver, me respondo ahora, quizás fuera el fruto de una larga
reflexión para dejar escrito en versos su particular visión del amor, y de la
muerte. Eros y tánatos reflejados
como dos caras en el marco de la vida, la tercera cara de la moneda que las
alumbra. Yo, que me quedé con las ganas de ser poeta, apenas soy capaz de
describir torpemente un libro tan bueno y a lo sumo destacar aquellos versos o
poemas que me han zarandeado el alma, o que directamente me han hecho sangrar
como una pedrada en la sien… la que decía su colega y contemporáneo Ramón
Irigoyen. Y eso es lo que voy a hacer, incluso a veces, puedo ser capaz de
explicar por qué, aunque en poesía, lo subjetivo vence a lo objetivo y haya
tantas lecturas como lectores.
Maneras de volver está dividido en tres
partes, con diecisiete, trece y trece poemas cada una de ellas y las tres se
inician apoyadas, introducidas, por una cita de otros poetas, por cierto, muy
bien escogidas.
La
primera parte se titula Amor Kebab y
la encabezan unos versos de Benedetti:
Varón urgente
hembra repentina
no pierdan tiempo
quiéranse.
Estos versos bien podrían ser, por eso los
pone ahí Rafael, un poco la esencia de este bloque de poemas. Esos sujetos
denominados con nombre de género sexual, esa urgencia, esa premura, nos hablan
del amor y el sexo como entes indisolubles, condenados a quererse. Pero si
profundizamos ya en el contenido de los diecisiete poemas, vemos que el amor es
infinito y efímero a un tiempo, que su grandeza se concentra en su materialización,
en esos momentos de comunión de la carne, esos que acumulados unos encima de
otros nos dan la medida de la felicidad. De este primer bloque destacaría el
primer poema, Se nos apaga el mundo, el
único por cierto de todo el libro con subtítulo entre paréntesis, (Cine puro). Un subtítulo que si bien no
hubiera hecho falta, quizás esté ahí para singularizar la importancia que
tuvieran los cines en el amor adolescente. El poema describe una sala de cine
como cobijo del deseo y cómplice de los amantes. Y termina así:
(…)
y en las butacas numeradas siete y nueve
pasillo
central y terciopelo
lento
zoom con música de piano
mientras
abres descarada
el
pan de la merienda y de tu falda.
O ese otro, Un poco más de ella, en el que se pinta la imagen de un encuentro
amoroso, o un enamoramiento súbito, o solo apenas la idea o el sueño de ambas
cosas en la mente de un hombre solitario sentado en la terraza de un bar.
Inventa
un ángel y cédele tu asiento
a
la hora del Martini y de las prisas
en
esta plaza con más bancos que palomas
busca
luego un nombre adecuado a tu impostura
y
escáncialo con devoción sobre su pelo
evitando
una caricia que rompa el sortilegio
disfruta
así el instante que brinda tu osadía
y
no abras el periódico ni consultes el reloj
dos
hábitos tristes y fuera de lugar
ante
un escote de alas blancas que te observa
con
la atención de quien afila un lápiz
y
cortés alza las cejas cuando al fin se descruza
con
esa lentitud que sólo tienen ellas
quizá
se llame Lola tiene un lunar una bufanda
y
no volverás a verla nunca.
O este otro muy breve, Desde tu corazón de ayer, que yo interpreto como un poema de
profundo agradecimiento del amante, que hace recuento emocionado.
Así
cruzamos juntos
las
solemnes avenidas y los campos
los
anchos días plenos y los años miserables
la
fiebre y sus salones
sin
caer en la cuenta de tus cuentas
y
el futuro más cerca del pasado (…)
Para terminar de una forma redonda y
lapidaria con la belleza de dos versos que lo dicen todo con tan poca cosa,
esencia de la poesía, y muestran ese agradecimiento tan profundo.
(…)
cuando entiendas que la vida que te falta
es
entera la vida que me has dado.
La segunda parte se titula Vivir es un asunto personal y la introduce
este verso, frase o idea de Borges:
El
futuro tiene forma de caerse en la mitad.
Enigmática idea que podría venir a significar
la debilidad de los sueños, o como de todo lo que esperamos en la vida, lo
conseguido se suele quedar, a modo de rebajas, en el cincuenta por ciento. A
veces, por la magnitud del deseo, a veces, por la magnitud de la vida y la muerte,
ambas, de extensión caprichosa.
Este bloque trata pues de los enigmas de la
existencia, de la vida escurridiza que a veces nos quiere huir, del enigma
insondable de Dios, especialmente en el primer poema En busca y captura desde antaño que termina diciendo:
(…) Ése el que sabe líbreme
Ése el que ignora cuídeme
desde su rincón celeste en el valle feraz de
los desaparecidos
de tipos como yo
en un mundo de certezas viviendo con su Duda.
Fíjense que el pronombre demostrativo Ése, va
en mayúscula, como la palabra final Duda que es como decir, cuando en todo el
libro aparecen muy pocas mayúsculas más allá de las estrictamente obligadas; Dios eres Duda, quizás necesaria, pero
duda al fin y al cabo. Y este bloque, que también trata de los años mozos y sus
descubrimientos, o de la soledad, cierra con otro poema sencillamente brutal, Inventario, dedicado quizás a esa
soledad que produce el recuento de lo vivido.
Asma
pánico a lugares sin luz
o escasamente ventilados
una deuda joven
renovada cada julio con esmero
un amigo antiguo que llama los domingos
varias gafas de sol
perdidas todas en lugares hermosos y lejanos
una promesa
que sonríe con sorna cuando hablo
un buzón que abro sólo si se queja
algunas oraciones en buena compañía
un ascensor donde tropiezo conmigo cada tarde
un homenaje que nunca merecí
un divorcio merecido
odio al alcohol
incomprensible y falso
dos plumas
una sincera la otra perezosa
y un día más para seguir conmigo.
Y finalmente, la tercera y última parte, La casa helada, que quizás sea la más
dura de las tres. Dura en el sentido en que está dedicada al principio del fin,
al tánatos, a esa muerte o a esa idea que el poeta se va pergeñando del éxodo
involuntario que nos libra de los espejismos de la vida. Ya el verso que lo
introduce, de un poeta al que desgraciadamente desconozco, Manuel Jurado López;
es de una crudeza tan aplastante como inexorable:
Y
es que la muerte espera en el lugar previsto
De este bloque destacaría dos poemas, a cual
mejor. Uno es Ahora que todo me rodea,
y el otro Cierra los ojos, cuenta, que
si bien aparecen así, en ese orden, yo me voy a permitir citarlos en orden
inverso. Porque Cierra los ojos cuenta,
se refiere al temido momento en el que la parca viene a buscarnos.
Que uno aprenda tu nombre
ni por otro te lleve confundida
cuando un día descarada se presente
choca esos cinco venga esa vida
a dos carrillos engullendo cuanto queda
que nunca aparezca de repente
en mitad de una bronca copa en mano
y si viene llegue tarde y lejos sobrevivas
aunque artera piense que sólo sobremueras.
Mientras que Ahora que todo me rodea es un poema podríamos decir que de
ultratumba. Porque leído tres y cuatro veces descubres que es un alma ya
sepultada la que habla del anhelo de salir del espacio reducido de un ataúd y
poder volver a la vida a través del cuerpo abandonado, al que querría abrazar.
Claustrofóbico, tétrico y aplastante poema.
Para darme aquí la vuelta necesito más
espacio
una cadera por ejemplo
y un codo obediente que resista mi empeño
tan fuera de lugar y tan hermoso
dos vértebras quisiera del esternón a los
talones
y qué será del esternón
y a dónde fueron los talones
tan altivos y de estreno con Aquiles
pero yo no
salir de mí quisiera
entre dos vértebras y un codo
hasta cambiar definitivamente de postura
despacio y sin resquicios contra el mármol
en busca de mi cuerpo y de tu abrazo.
Y muere aquí mi voluntariosa reseña de este
libro imprescindible de poemas. El objetivo no es otro que invitarlos a hacer
ahora su lectura, que irremediablemente será otra distinta a la mía. Así es la
literatura. Me lo agradecerán, se lo agradecerán.
domingo, 29 de diciembre de 2013
Se aleja el 2013
Se
aleja el año, apenas dos días le quedan a este dos mil trece con su mal agüero
numérico y ya lo empiezo a echar de menos.
Como
ocurre con las personas, cuando ya sea un recuerdo y amarillee con el tiempo,
valoraremos lo que significó, el balance positivo a favor de la felicidad
aunque también haya habido momentos duros. ¿Qué sería de la literatura si la
vida fuera de color de rosa y no hubiera historia que contar? ¿Qué sería de la
moneda sin reverso?
Este
año ha tenido tres caras, por un lado el impulso de los sueños y del amor de mi
familia para seguir adelante, luego este libro y los grandes amigos y lectores
que está consiguiendo convocar, y finalmente, el saberme entregado irremediablemente
a la literatura, mi motor y mi compromiso.
Se
aleja el dos mil trece. Ahí lo tienes dos mil catorce, toda la humanidad te
encasqueta el deseo universal de superarlo. Tienes una oportunidad única de
trescientos sesenta y cinco días para conseguirlo. Yo confío en ti pero
conviene no olvidar que el tiempo se toma su tiempo y que una vida puede
cambiar en un segundo, en un instante mágico de gloria.
El siglo sabático
El siglo sabático
Antonio Ferrer
Madrid, 1ª edición, 2013
978-84-940634-9-7
Ediciones Nostrum
Si uno de los mayores objetivos de un escritor, la medida de su pericia, o cuando menos de su derecho a consagrarse como tal, es el haber creado un mundo propio, con toda su estructura conceptual, sus personajes y su lógica interna; desde luego Antonio Ferrer lo ha conseguido con su primera novela, El siglo sabático. Vamos a empezar por ahí, por la verdad, para despejar dudas, las mismas que yo tuve, las que un mediano lector puede tener las primeras cincuenta páginas hasta que la ironía, el humor inteligente y la lógica del absurdo te van llevando a comprender ese mundo ficticio y te sirven en bandeja la parodia de nuestro propio mundo actual.
Antonio Ferrer se atreve a situar ese espejo de nuestra sociedad actual en el año 175.475, y en un mundo nuevo y artificialmente feliz. Un mundo tan lejano como idílico y tentador en el que los animales han evolucionado hasta unos límites de inteligencia y abstracción de la realidad insospechados, mientras que el hombre es un ser inferior que pretende recuperar el terreno perdido, un particular planeta de los simios mucho más desarrollado pero sin pésimo actor principal ni tía buena neumática. Estamos hablando de una novela de ciencia ficción como muy poca ciencia porque las invenciones son descabelladas y sin base empírica alguna y mucha ficción, una ficción delirante. La novela de hecho es una novela delirante en el mejor sentido de la palabra, un delirio organizado y coherente consigo mismo y con el argumento de la misma. Cualquier lector sucumbiría al poder de una empresa, Kaplan y Asociados, trasunto de un vulgar partido político al uso que subvencionase el placer, que garantizase vivir del aire, no trabajar, comunicarse telepáticamente y utilizar como moneda única los llamados bonos de energía. La propuesta es de un nihilismo tal que lleva a tiranizar la sociedad convirtiéndola en su esclava. Entonces surge un líder progresista, Wolfgang Marcuse, que dirige la célula de resistencia para romper con el poder establecido y volver a la idea del trabajo y del arte como motor de la psicología humana. Los héroes son dos humanos, Guzmán, un hombre genial que se atreve a plantar cara al sistema, y Patsy una mujer heroína y enamorada de Guzmán que terminará siendo el motivo de la acción al estilo de la caballería medieval. El particular Grial de la empresa para derrotar la tiranía se llama Nihlik, un concepto que se repite a lo largo de toda la novela como un leiv motiv y que solo corresponde al lector averiguar o mejor dicho, decidir, reinterpretar como un concepto filosófico de libertad, un canon, un libro sagrado, una novela, El siglo sabático por ejemplo sin ir más lejos.
Y en medio de este mundo corrupto en el que el dinero, o bonos de energía, con sus primas de riesgo y sus índices bursátiles, con sus particulares Bárcenas y cía., sus Edward Snowden, sus vampiros mentales, sus difusores de opinión y sus redes sociales como entes que controlan el mundo desde cada individuo anónimo; Nihlik, núcleo conceptual de la resistencia y de la revolución, garantiza la vuelta al amor, al equilibrio y la paz, al entendimiento universal de los seres humanos. Se nutren de rayas de risa, se vacunan contra el poder alienador del sexo con chips de regulación, proponen volver a la necesidad de lo superfluo, a la literatura lúdica, como la de esta novela, y a la política humorística. En esta locura organizada sobre la lucha de dos mundos opuestos, aparecen traficantes, camellos que cobran en bonos de energía, la moneda única, por vender sustancias capaces de cambiar el rostro de quien las toma, adoptar otras formas corpóreas o cambiar la realidad, que no es otra cosa que lo que consigue Antonio Ferrer con El siglo sabático. Reality show en los que uno puede conseguir la fama universal a cambio del mayor de los absurdos, divagadores profesionales, los contertulios de la prensa rosa de hoy por ejemplo, estrambóticos estudios como los de paleontología cerebral del Romanticismo, chatarreros de libros, personajes animales superdotados como las hormigas, un loro que se llama Sócrates o primates mandriles eruditos.
Y uno al final llega a la conclusión de que la mejor manera de vacunarse contra la realidad que nos azota, es esta suerte de “humor apocalíptico”, como oí decir a alguien en una de las presentaciones de la novela. Esta ácida ironía de la estupidez humana, partirse de la risa antes de que el futuro nos pille desprevenidos y ya no haya vuelta atrás. Antes de ser un vulgar despojo del sistema, Antonio Ferrer nos lo advierte en El siglo sabático.
Entrevista en el programa Propera Parada Cultura de Ràdio Cornellà
El pasado 19 de diciembre del 2013, Yoli García me entrevistó con motivo de la reciente publicación de Las tres caras de la moneda.
Hacia la mitad del programa, empieza la entrevista.
http://properaparadacultura.blogspot.com.es/2013/12/programa-del-18-12-2013-jorge-gamero.html
Hacia la mitad del programa, empieza la entrevista.
http://properaparadacultura.blogspot.com.es/2013/12/programa-del-18-12-2013-jorge-gamero.html
lunes, 9 de diciembre de 2013
Trasfondo, de Patricia Ratto.

Trasfondo.
Patricia Ratto
Colección la lengua/novela
1ª edición en España 2012
978-84-92857-66-1
Adriana Hidalgo Editora
Si digo que esta novela, si en lugar
de ser una novela corta de ciento cuarenta y tres páginas hubiera tenido más de
trescientas; habría terminado por ahogarme como lector; esto parecería una
desconsideración, una crítica negativa, mordaz y de gran dureza. Pero nada más
lejos de la realidad. Porque la realidad es que se trata de un elogio.
Trasfondo
es una ficción sobre la angustia de los personajes de una historia real, la del
submarino “ARA San Luis” en la guerra de las Malvinas de 1982 entre Argentina e
Inglaterra. O mejor, habría que decir que es una novela sobre la realidad de
los tripulantes de un submarino casi irreal por precario, esperpéntico, al que
no le funcionan el ordenador central, algún motor y los torpedos, en una guerra
no ya absurda en el sentido más tópico del término, sino directamente ficticia,
porque nunca hubo igualdad en los medios y circunstancias de los contendientes.
Les hicieron creer que tenía sentido su heroicidad cuando la única heroicidad
consistió en sobrevivir a la soledad y el absurdo de un viaje estéril.
Y en medio de ese marco, ¿hay algo
más difícil que narrar la ausencia de acción? ¿Algo más complejo qué narrar cómo
no pasa nada? O como diría el poeta Ángel González; cómo solo pasa el tiempo. Sin luz, a no ser la luz verdosa y
mortecina, sin aire, a no ser un aire viciado y pastoso, sin otros sonidos que
el sonido sordo y metálico de un ataúd monstruoso a la deriva, bajo toneladas
de agua del océano y al ritmo de un sónar.
Es este sin duda el gran hallazgo,
el gran mérito de Patricia Ratto, el ángulo del narrador o ángulo certero, como
diría el crítico Ernesto Calabuig el día de la presentación en la librería
Tipos Infames de Madrid alguno de los primeros días del pasado mes de octubre.
Un narrador testigo interior, la voz de un tripulante que sin embargo no está
en el centro de la historia sino que pasa de lado, bordeándola, como de
soslayo, como el propio submarino San Luis pasa de puntillas y sin heroicidades
por el borde de esta guerra.
La travesía es una espera silenciosa
del fantasma de la muerte, una espera lenta y espesa que siembra la duda de la
vida. Una duda que lleva al narrador a hacerse esta pregunta: ¿Podrá en verdad uno morirse y no saberlo? Una
duda y una espera que difumina el recuerdo y relativiza el deseo del regreso,
cuando el pánico silencioso de una explosión por un ataque enemigo invaden cada
segundo de quietud. Si noticias del mundo, sin sentido del presente y sin otro
objeto que la deriva de una mole inútil de acero y hombres que vagan por las
horas sin día y noche.
Un
frasco de alcaparras aparece y desaparece entre maniobra y maniobra de ataque,
como significando la vida que se resiste a apagarse en un parpadeo constante, unas
botas con una muesca que singularizan la propiedad del narrador, y que siempre
están allí, al borde de su litera como el único testimonio de su existencia. Y
el omnipresente olor a gasoil, y la humedad penetrante y la suciedad creciente
y el olor a suciedad que acaba por convertirse en habitual, barbas con pelusa,
ropa sucia, toallas reutilizadas hasta la saciedad.
Esta es la atmósfera de la ausencia
de atmósfera, el marco asfixiante del San Luis, el genio de Patricia Ratto
consiguiendo narrar la claustrofobia, palabra que al final soy incapaz de
evitar. Narrativa claustrofóbica la de Trasfondo,
esta novela corta genial que te ahoga y te deja apenas un hilo de aliento
hasta que todo termina llegando a buen puerto donde quizás todo fue un sueño.
Este submarino novela, este
submarino metafórico de la escritora, cuyo periscopio consigue ver más allá de
la superficie del alma humana.
Felicidades Patricia, por regalarnos
con tu novela sensaciones parecidas al ahogo de los tripulantes del San Luis.
Una sensación nueva como lector.
Una
mímesis muy meritoria.
viernes, 6 de diciembre de 2013
Nelson Mandela
Nelson Mandela nos ha dejado en silencio. Pero nos ensordecen sus múltiples enseñanzas, a los que lo escuchamos y a los que no tuvieron más remedio que oírlo. En estos días de sinrazón educativa, esta frase debería ser un ejemplo para el gobierno español.
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