Dialogando en el Café Salambó

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domingo, 16 de junio de 2013

Un leedor fósil en El Retiro


La fotografía ilustra un sortilegio.
Elena Ortega, filóloga, lectora entregada, lo de voraz está muy manoseado, promotora de literatura infantil y juvenil de Alfaguara, culta, guapa y buena amiga, me envía esta foto desde un minúsculo rinconcito de El Retiro estos días de Feria del Libro. Y no es por esto, y ella lo sabe, por lo que he de decir que Elena ha sido una de mis felices apariciones el año pasado en mi exilio madrileño y desde la publicación de Saimon.
La fotografía ilustra, fosilizándola, la imagen de una lectura sobre la hierba quiero imaginar que placentera, tanto como el marco y el momento de quietud e introspección literaria que sugiere.
El sortilegio es que no todos los días, te lee un ángel.

sábado, 8 de junio de 2013

Intemperie, de Jesús Carrasco


Intemperie
Jesús Carrasco
Barcelona, 2013
Editorial Seix Barral S.A.
Colección Biblioteca Breve
ISBN: 978-84-322-1472-1





Descubrir esta novela tan rotunda ha sido una grata sorpresa y su lectura, un gran placer. Cuando uno descubre a un nuevo escritor, sobre el que venían insistiéndome algunos amigos de un tiempo a esta parte, joven, muy joven con cuarenta y un años y tan bueno como Jesús Carrasco; se reconforta por el buen estado de nuestra literatura, a pesar de estar acribillada por la mercadotecnia de los productos que hay que vender sí o sí, venidos de grandes monstruos editoriales. Seix Barral, que no es monstruosa pero si histórica y atinada, aunque también absorbida por uno de esos monstruos, se ha marcado el mérito de poner a Jesús Carrasco en la realidad de la buena narrativa.
Elena Ramírez, de Seix Barral y algunos de mis amigos han coincidido en que la novela tiene la fuerza de Cormac McCarthy y yo, que del americano sólo he leído La carretera, premio Pulitzer en el 2007, quisiera puntualizar una cuestión formal. Porque es evidente que se refieren a esta y no a otra novela, porque hay una huida, un mundo inhóspito, una lucha por la supervivencia, una persecución, un viejo y un niño, en La carretera el viejo es el padre pero en Intemperie el viejo suplanta esa figura en el sentimiento del niño. Sin embargo, el mérito de McCarthy es montar toda la historia casi sólo con diálogos muy breves y cuyas elipsis y pausas lo dicen todo sin explicitarlo, especialmente el conflicto humano más que el escenario físico, mientras que Jesús Carrasco arma una rica narrativa elaborada, que se gusta y que se crece en la lírica y la rítmica descripción de un marco muy particular y en la que apenas hay diálogo y el que queda, es un mero apoyo imprescindible para los pocos momentos de acción fundamentales. El impresionismo frente al expresionismo resume a mi modo de ver la comparación de McCarthy versus Carrasco. Lo que también es cierto es que ambas novelas comparten de alguna manera un elogio a la relación paterno filial, en La carretera por resultar idílica y en Intemperie por idealizada debido precisamente a su ausencia.
La rotundidad de la novela ya empieza por el título. Intemperie es un nombre que denota desolación, crudeza, una palabra que nos transmite la sensación de la soledad a merced de las inclemencias irrefutables del clima. La novela es la historia de una huida, de un rebelde con causa, o casi ni eso, de un niño asustado pero valiente que se atreve un día a escapar del terror de una familia sometida a la crueldad de un padre repugnante. Pero sobretodo una huida del aún más repulsivo personaje del alguacil, un pederasta a quien lo entrega el propio padre del chico.
Con este marco truculento hubiera sido muy fácil caer en el sensacionalismo barato sin embargo, el mérito de Jesús Carrasco está precisamente en lo contrario, en ser capaz de contarnos una historia muy dura de manera transparente, donde nada sobra o es gratuito, donde todo, absolutamente todo está significando. Tensión lingüística en estado puro que diría un buen lector. Una narrativa la de Intemperie, que cuando tiene que contarnos una tortura nos cuenta directamente las cicatrices purulentas escocidas por el sudor, o cuando quiere decirnos el miedo del niño, nos sugiere la humedad de la pernera de su pantalón, o la de un círculo de tierra a sus pies, mojada repentinamente. Un lenguaje de gran riqueza sin llegar a la pesadez y a la impostura. Pero también una narrativa que combina perfectamente la sutileza en la descripción, casi la elipsis, del principal conflicto, la pederastia, con la dura descripción de la supervivencia en un medio hostil y sin concesiones a la ternura. Un lenguaje que aporta a mi modo de ver, la recuperación de un léxico, la mayoría, tan abandonado como el propio del mundo rural al que le corresponden palabras de una fuerza fonética y semántica como: piafar, sirga, trampantojo, bohordo, aguadera, cagafierro, zahorra, cerúleo o descuajaringar..
Hay que advertir también un gran dominio de las anticipaciones que hace que el lector nunca se canse, es cierto que la novela es más bien breve, 221 páginas, pero esas anticipaciones, muy bien insertadas sobre todo en los primeros cuatro capítulos, te empujan a seguir leyendo sin descanso hasta el desenlace. Aunque la última anticipación ya sea muy avanzada la novela, en la página 175 y de paso al desenlace final: (…) ninguno de los dos presintió la brutalidad de lo que había de suceder poco después. Es como si Jesús Carrasco, consciente del marco solitario y desolador, no ya rural porque no hay hombres ni tierras que explotar, sino de terruño baldío e inhóspito, fuera consciente de que tiene que acompañar al lector antes de ser vencido, hacia un túnel de luz y esperanza donde la bondad y la libertad pueden acabar venciendo al mal.
Hay un enigma que no nos deja indiferentes: el hecho de que no haya ni una sola localización geográfica, nunca sabemos dónde estamos, pero tampoco ningún nombre propio, como si la humanidad se hubiera perdido con esta historia cuya truculencia, a veces, y desgraciadamente, aún sigue siendo superada por la realidad. La narración es tan nutritiva y sensacional, que casi no eres consciente hasta que en la penúltima página, la 220, lees: Le hubiera gustado conocer el nombre del viejo.
Otro enigma es el propio personaje del cabrero, sobre el que el chico no deja de hacerse preguntas que quedarán sin respuesta, o cuya respuesta corresponde a cada lector: ¿Por qué se había volcado en su ayuda? en la página 166, o aún mejor, en la página siguiente: ¿Por qué no le habría entregado al alguacil en el castillo? Y quizás la respuesta esté insinuada en la página 172 cuando el cabrero, refiriéndose al alguacil, dice: Yo también tengo mis cuentas pendientes con ese hombre. De manera que cada lector puede buscar la razón por la que un hombre bueno, creyente y practicante, lector solitario de la Biblia sea capaz finalmente de matar a balazos al alguacil y su secuaz. Para salvar al niño, sin duda, posiblemente para vengar a otros niños anteriores, a alguien de su propia sangre quizás…
Y como en cualquier buena novela, siempre hay algunos detalles magistrales, como éste, por ejemplo: La corteza de queso sudaba su grasa sobre la tela, formando un lamparón como un arrecife coralino. (Página 42).
O éste: Imaginó un molino de agua en un hayedo y también horizontes como serruchos mellados. El cielo penetrando la tierra, derramándose sobre ella y, en dirección contraria, los picos elevándose a lo alto. Morada de los dioses. El paraíso del que tanto hablaba el cura. (Página 125)
O éste otro: Una densidad de sacristía vieja, donde los ropajes ceremoniales habían sido hilados en el comienzo mismo de los tiempos y donde las paredes habían absorbido, durante siglos, los gritos de monaguillos, huérfanos y expósitos. El dolor y la caridad. La muerte arrumbada. La podredumbre abriéndose paso entre pecados inenarrables. (Página 202)
Pero mejor no sigo o terminaré transcribiendo media novela a base de momentos de altísima calidad narrativa.
En definitiva, Intemperie tiene algo de western y de lazarillo, algo de Pascual Duarte y de Pedro Páramo, algo de atmósfera de ciencia ficción apocalíptica enmarcada en el terruño más polvoriento y castizo que jamás he leído hasta ahora, una novela ya consagrada y escrita por una pluma que estoy seguro, dará que hablar en lo sucesivo.

Junio de 2013
Ave Madrid – Barcelona (En un lugar indeterminado de los Monegros, provincia de Huesca, o de Zaragoza)

domingo, 21 de abril de 2013

Ovnipresentes.


Ovnipresentes
Aut@rs de Cornellà
Barcelona 2013, Ediciones Dédalo
ISBN-10: 8494113801
ISBN-13: 978-8494113802


En este libro colectivo intervienen Iván Humanes, Lluís Rueda, Vicente Corachán, Francesc Xavier Simarro, Margarita Espuña, Griselda Martín Carpena, Juanita Márkez, Empar Fernàndez, Josep Nadal i Tuset, Lucinda Estruga Laporta, Xavier Borrell, Montserrat Galícia, Walter O. Shandy y prólogo de Jorge Gamero.
El pasado miércoles 17 de abril tuvo lugar su presentación a cargo de Toni Hill, miembro también del grupo, y el alcalde de Cornellá, Sr. Antoni Balmón, presidió el evento. 

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como... lágrimas…en la lluvia. Es hora de morir.
Roy Batty (Replicante)
Escena final de la película Blade Runner (1982) dirigida por Ridley Scott

       ¿Se puede escribir el prólogo de un libro sobre un ovni sin ser ufólogo? ¿Sobre un libro de ciencia ficción sin ser experto en el género?  Si tanto en un caso como en el otro, la ficción es el motor de la obra, si como uno aprendió de sus maestros y las lecturas de las que, como aquél, uno se siente tan orgulloso,  todo argumento es banal, lo que cuenta es la forma en que está contado; la respuesta es clara y rotunda: sí, se puede. Al fin y al cabo, cuando prescindes de cualquier etiqueta, lo que queda es siempre literatura.
Si además, el marco de la obra coincide con el escenario íntimo de tu memoria, y ese escenario se llama Cornellà, y los autores, son tus compañeros del grupo Aut@rs de Cornellà; ya no queda duda alguna.
Y lo más importante: si la lectura es placentera e imaginas el placer que provocará en quienes están ahora mismo leyendo estas líneas, el prólogo me convierte definitivamente en cómplice de un libro tan especial como éste.
Es una lástima que Roy Batty, un producto casi perfecto de ingeniería genética, magistralmente interpretado por Rutger Hauer en Blade Runner, vaya a morir en el 2019. Y que a la ciencia ficción le falte aún la ciencia suficiente como para que la máquina del tiempo que imaginó Herbert George Wells esté, a tiempo. Entonces, Roy podría viajar hasta este pasado, hoy presente del 2013, y leer así estas distorsiones de un avistamiento en Cornellà antes de dejarse morir, en la ficción.
Si yo fuera un experto en literatura de ciencia ficción, ahora me empeñaría en esa manía, no sé si necesaria de los críticos literarios, de relacionar la obra con sus referentes, con otras grandes obras que justificasen la excelencia de la obra objeto del prólogo. Certificar como escribimos lo escrito sobre lo ya escrito. Y en ese caso empezaría por el más grande de todos, por Jules Verne. El mayor autor del género. Tanto, que a mi modo de ver su obra y su capacidad de inventar realidades futuras, de predecirlas y acertar, le confieren un punto esotérico, mágico; Verne es uno de los imaginarios que han actuado de sustrato literario en este grupo de autores. Pero también hablaría de Howard Phillips Lovecraft que fusionó el género de la ciencia ficción con el de terror. O de Ray Bradbury, otro a quien su reciente fallecimiento el año pasado, hará que se pierda esta lectura. Con él, podríamos jugar a compartir el título de nuestro libro de crónicas cornellanenses sobre un avistamiento, con su título más célebre, Crónicas marcianas. Pero también hablaríamos de Isaac Asimov y su punto detectivesco dentro del propio género, que lo tiene, como lo tiene también nuestro libro en el relato Vicente Corachán. Podríamos destacar el tono humorístico del relato de Lucinda Estruga, compartido con el checo Karel Capek,  o el color lógicamente fantástico de muchos de mis colegas de Cornellà, compartido con la mayoría de  autores célebres y en especial con Clifford Donald Simak. O el factor sensual que también lo tenemos, sobre todo en el relato de Juanita Márkez, compartido con la autora Ursula Kroeber Le Guin. Y seguramente nos extenderíamos aún más con Philip Kindred Dick cuyo factor ciberpunk adereza también el relato de Lluís Rueda. La obra de Philips K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) fue la que inspiró parte del guión de la película Blade Runner que el director Ridley Scott llevó a las pantallas en 1982, justo el año en que murió el escritor americano.
Como pueden ver, yo soy uno de tantos admiradores de ese film convertido en un clásico de la ciencia ficción, en una película de culto. Obra literario-cinematográfica, de culto incluso para los no expertos en ciencia ficción como yo, que insisto, no lo soy.
Pero en lo que si pretendo ser algo experto, o cuando menos entendido, es en este grupo de autores abducidos por la visita de un ovni a nuestra ciudad, este grupo, en el que la literatura está ovnipresente.
     En el primer libro colectivo, una miscelania de relatos ambientados en Cornellà publicado por L’Avenç el año pasado con el título de Propera parada: Cornellà, participamos diez autores, la mayoría de los cuales ahora repiten. Y en este Ovnipresentes (Distorsiones de un avistamiento en Cornellà) que la editorial Violant presenta ahora, se suman algunos autores que no estuvieron en el anterior. El grupo lo formamos un total de dieciocho autores locales y una ilustradora. Pero en Ovnipresentes, con algunos relatos escritos en catalán y otros en castellano, la paridad de seis escritoras y seis escritores ha sido una pura casualidad. El relato final, el número trece, desequilibraría la balanza aunque ése no sea su cometido principal, sino el de intentar poner orden en un divertido caos, en un puzle de distorsiones capaces de generar ese autor endógeno final. Un autor que a mí me gustaría imaginar a su vez como hermafrodita. Y como un texto apócrifo de un personaje de ficción encontrado en las entrañas del ovni. Del ovni avistado por unos personajes, visto y tocado por otros, e incluso utilizado como vehículo de viaje definitivo por alguno más. Hay relatos que conectan situaciones y personajes dentro de situaciones a la vez diversas, y otros que van más por libre aunque siempre alrededor del mismo motivo: la visita de un objeto volador no identificado en nuestro querido Parc de Can Mercader.   
Abre el fuego (...)
Y cierra el libro un relato titulado con la frase escalofriante de la niña de Poltergeist, Ya están aquí… coescrita y dirigida por Steven Spielberg y llevada a la pantalla, como Blade Runner, en 1982, menudo gran año, solo faltaría añadir a otro ser extraño, nuestro naranjito. Pero esto es sólo un reclamo, y quién sabe si una advertencia para incrédulos. Porque este relato realmente constituye el gran enigma del libro. Lo firma Walter O. Shandy, uno de los protagonistas de la obra Tristam Shandy de Laurence Stern. Pero yo estoy convencido de que la firma es una farsa y que quien en verdad lo ha escrito es el alienígena instalado en nuestro grupo, la voz del más allá encarnada en escritores de Cornellà. El protagonista es alguien que escapa de la invasión, en un vagón de tren, pero enfrente, tiene a uno de ellos, o eso cree él, lo mismo que cree el otro pasajero. Nadie está libre de sospecha. La referencia del autor, falso, se lo puedo asegurar, no se olviden que ya les advertí que yo también soy uno de ellos, y otras referencias internas del relato, como la del Santo Grial, nos invitan a otra conexión, la más intelectual de todas, la de nuestro grupo y nuestro libro con la conspiración de la sociedad Shandy que mi querido y admirado escritor barcelonés Enrique Vila-Matas propuso en su ya mítica Historia abreviada de la literatura portátil, 1985, Editorial Anagrama. Muchos y muy raros fueron algunos de los miembros de dicha sociedad, y muchos y complejos sus objetivos, sus referencias literarias y sus mundos interiores, pero si hay algo que subyace por encima de todo, algo que sí compartimos, ese Grial definitivo de la conspiración Shandy, es lo siguiente: nosotros, como ellos, queremos acabar encarnándonos, literalmente, en literatura. Todo lo demás, sobra. Una enfermedad como otra cualquiera.
Por eso, les propongo que con su lectura, resuelvan éste y otros enigmas, que como el Rick Deckard de Blade Runner, interpretado por Harrison Ford, sucumban paralizados a la belleza de la escena.


            No sé por qué me salvó la vida. Quizá en esos últimos momentos él amó la vida con más intensidad que nunca, no sólo su vida, la de cualquiera, mi vida. Y lo único que quería eran las mismas respuestas que el resto de nosotros: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda? Todo lo que podía hacer era quedarme allí y verlo morir.
 Rick Deckard (Blade Runner)

            Me agradecerán el consejo. La plácida abducción.
            Jorge Gamero
            Madrid, febrero de 2013
        





sábado, 2 de marzo de 2013

Encuentros con jóvenes lectores. Tenerife y Ripollet.

Nuevos encuentros con alumnos de distintos centros educativos. En cada uno, preguntas y anécdotas nuevas y en todos, esa mezcla de curiosidad y sorpresa, esa chica o ese chico tímido que quiere ser escritor, esa incertidumbre hacia un futuro que el monstruo de este tiempo pretende robarles. Saimon me está dando mucho más de lo que imaginaba, de alguna manera me recompensa el haberlo convertido en uno de ellos.

 



domingo, 3 de febrero de 2013

Para quién...


No sacrifiquen la sinceridad literaria a nada. Ni a la política ni al triunfo. Escriban siempre para ese otro, silencioso e implacable que llevamos dentro y no es posible engañar.
 
(Juan Carlos Onetti)

Puzle


Para qué escribe uno sino para juntar sus pedazos.
 
(Eduardo Galeano)