Primera presentación de Las tres caras de la moneda y primera que celebro como autor en Madrid. Con un invitado de lujo, Luis Landero, que nos honrará con su presencia en la mesa.
domingo, 27 de octubre de 2013
jueves, 15 de agosto de 2013
Los años viajeros.
Los años viajeros
Luis Márquez
Sevilla, 2013
Editorial Gramática
Parda
Colección Gramática
Narrativa ISBN:
978-84-938895-6-2
En
el primer capítulo de este libro de viajes, y ante la primera escala dedicada a
Santo Domingo, República Dominicana, Luis Márquez nos dice: Hace unos días cumplí veintiséis años y
siento que estoy ante un regalo. Las expectativas son altas y no puedo
defraudar a nadie. Mucha responsabilidad. Se refiere al reto de ser
contratado como reportero para un programa de Canal Sur Televisión. Pero ahora,
una vez leído el libro yo diría que es él, Luis Márquez, el que nos ha hecho un
regalo a los lectores. Porque el periodista solvente y comprometido y el joven
ávido de experiencias su suman para devolvernos con creces la oportunidad de viajar
por diez países más o menos exóticos y alejados de nuestra realidad pero
idénticos en lo esencial, en lo más emocional, en lo que tiene en común el ser
humano allá donde se encuentre: el sueño de la felicidad.
Desde República Dominicana hasta
Egipto, pasando por Senegal, la India, Qatar, Sudáfrica, Palestina, Estados
Unidos, Irlanda del Norte o Noruega.
Y lo hace con un lenguaje sencillo y
un estilo directo, transparente, alejado de florituras y de cualquier
impostura. De esta manera, consigue que el libro resulte creíble por sincero y
honesto, todo lo contrario a esas crónicas de viajes odiosas e infectadas de
esnobismo y de la mal disimulada presunción. Luis Márquez nos cuenta sus
viajes, sin dejar de lado en ningún momento el rigor social, político y en
general informativo del buen periodista; como se los contaría a un amigo. Desde
el lado más humano de la experiencia. Todo ello sin embargo no impide que en
algunos momentos, haya fragmentos que entran incluso en lo que podría ser buena
literatura, cuando la lectura más visceral pero a la vez más crítica de la
experiencia vivida se mezclan con un lenguaje preciso.
En cada uno de los viajes hay una
pequeña lección, una vivencia que sumar a la maduración como periodista y como
ser humano. Y el lector, como yo en este caso que no he tenido la suerte de
estar en ninguno de esos lugares sino a través de los libros, siente una sana
envidia de viajero frustrado.
Está como no la dramática situación
de las condiciones de vida de los niños en la India, en Senegal o Sudáfrica, la
isla de riqueza, como un oasis aupado en el petróleo y el gas en Qatar, la
pantomima del sueño americano en uno de sus estados más rancios y emblemáticos,
y armado hasta los dientes como lo es Texas, la sabia asimilación del frío
extremo por parte de los habitantes de Laponia, la relación entre la ETA y el
IRA que mal representan la realidad de dos pueblos con legítimo derecho a la
autodeterminación, la encrucijada actual de Egipto, uno de los pueblos más
enigmáticos de la historia, en cuya juventud está depositado el sueño de un
país más evolucionado y libre, democrático.
Todas ellas poseen el valor de la
verdad contada sin censuras y con una mirada limpia, pero me quedaría por
ejemplo con la historia de Andy, el niño dominicano de doce años que tras morir
su madre de sida, se queda a cargo de dos hermanos menores y que para enterrar
a su madre, tiene que dar una paliza a un conductor de autobús, tomar el
vehículo y llevarla al cementerio. O con el capítulo dedicado a Palestina, uno
de los más completos, en el que Luis nos cuenta algunas consecuencias, las
menos evidentes y televisivas del conflicto con Israel. Como el hecho de ser
extranjeros en su propia tierra, ejemplificado en la historia de amor de Dunia,
una granadina hija de palestino afincada en Jerusalén y su novio Hazem, también
palestino pero residente en Belén, Cisjordania. Dos enamorados que no pueden
abrazarse y verse libremente donde quieran porque se juegan la vida en
territorio israelí, o en territorio palestino ocupado.
Y asomado a estas aristas de la
realidad, está Luis Márquez, repartiendo camisetas del Sevilla F.C,
dignificando la profesión, convirtiendo este libro en una ventana privilegiada abierta
al mundo.
Si conocen esos lugares, vale la
pena que lean el libro y si no, aún más, porque en algunos casos, Luis consigue
que durante la lectura uno tenga la sensación de haber estado allí, con la realidad
de sus gentes, no para hacerse una foto junto a monumentos ya vistos por otros y
condenarla al olvido de un álbum de vacaciones. Ese viene a ser el regalo al
que yo me refería, una lección magistral de periodismo objetivo.
sábado, 13 de julio de 2013
Llegir...
Com una novel·la
Daniel Pennac
Traducció d'en Sergi Pàmies
Col·lecció Biblioteca Universal Empúries
Barcelona, març de 1993
Editorial Empúries S.A.
ISBN: 84-7596-381-1
Daniel Pennac
Traducció d'en Sergi Pàmies
Col·lecció Biblioteca Universal Empúries
Barcelona, març de 1993
Editorial Empúries S.A.
ISBN: 84-7596-381-1
Daniel Pennac, a l'inici d'aquest mític llibre diu:
El verb llegir no adment l'imperatiu. Aversió que comparteix amb alguns altres: amb el verb "estimar"..., amb el verb "somiar"..
Fa exactament vint anys que vaig llegir aquest llibre per recomanació d'un bon professor, amb un imperatiu carinyós, possiblement acompanyat d'algun condicional autoritzat per l'experiència del tipus, si vols, hauries de llegir... El cas és que vint anys després, l'altre dia m'ho recordava un amic, recupero aquesta plaentera lectura. Com una novel·la, ja fa molts anys que és un clàssic, sempre recomanable, una lectura inoblidable per no deixar de llegir mai. Sense imperatius: no us la perdeu.
lunes, 1 de julio de 2013
Las tres caras de la moneda
Las tres caras de la moneda
Jorge Gamero
Sevilla, 2013
Colección Gramática Narrativa
Editorial Gramática Parda
ISBN: 978-84-938895-7-9
No toda pasión es discernible ni presenta una fisonomía estereotipada, hay que acercarse a uno mismo con científica curiosidad para acceder a facetas desconocidas, y completar el dibujo íntimo de nuestra vida. Jorge Gamero nos muestra las posibilidades de su moneda, de su pasión, la que enseña en la palma de la mano tras lanzarla al aire, y cuyo resultado trasciende el reverso y el anverso del azar. A través de sus viajes interiores como escritor, llevará al lector a conocer las entretelas cotidianas del oficio literario y sus gajes, a recorrer y recordar las convergencias del amor y las divergencias del desamor y sus (d)efectos, a investigar el argumento de las vidas ajenas como un asunto propio pendiente. Un ejercicio de escritura viva y confesional, llena de ternura, humor y denuncia, deudora de grandes maestros como Ítalo Calvino, Luis Landero o Enrique Vila-Matas.
Editorial Gramática Parda
Frutas y banderas
Frutas y banderas
Paco Moral
Madrid, 2013
Poesía. Colección Baños del Carmen nº 363
Ediciones Vitrubio
ISBN: 978-84-941208-4-8
Fue terminar la primera lectura del libro, y ya son tres
los que leo de Paco y necesitar ir rápidamente a mi Moleskine para confesarle
lo que sigue: Paco Moral, qué cojones, es un pedazo de poeta. Este mortal,
compañero de trabajo, con la ira siempre a cuestas, la de quien jamás aceptará
la tiranía del patrón insolidario, este Paco fondón, fumador de los de antes,
sufridor sufrido de voz cazallera, es un pedazo de poeta. Paco Moral, dejémonos
ya de pollesías…, ya es un grande
casi anónimo entre los grandes y un poeta de mi cabecera.
Espero me disculpen lo prosaico y arrabalero de la nota pero es que yo a mi Moleskine le suelo
hablar así, a la cara y sin pelos en la lengua.
Después de la nota, he vuelto a releer el libro hasta dos
veces más para poder comentar lo que sigue, y que no pretende otra cosa que
invitarles a su placentera lectura.
Frutas y banderas es un borbotón de setenta y dos poemas sin otro orden que
el recuerdo recuperado de amores o momentos amorosos, las frutas, de los años
reivindicativos de la transición en los que incluso amarse así, rendidos a la
más absoluta libertad, era una manera de amar la utopía. De todos modos, habría
que aclarar, y no es una evidencia, sino algo que en parte explica la
pertinencia del libro, que los tiempos actuales, siguen siendo años
reivindicativos. Eso no ha cambiado, la lucha sigue. Y luego están las
banderas, aquellos poemas que ilustran las diferentes razones por las que
luchar a favor de las libertades democráticas entonces, a favor de la justicia,
la lucidez y la razón. Y estas banderas, también siguen ondeando hoy día,
enarboladas entre los puños cerrados y comprometidos de gente como Paco.
He creído descubrir tras la lectura atenta, que habría
otro grupo de poemas en los que frutas y banderas, amores y luchas políticas,
se mezclan y confunden dándose sentido las unas y las otras. Poemas en los que
amarse en plena lucha, compartiendo el vértigo, multiplicaba la potencia
erótica de la carne. También, veremos algún ejemplo.
El libro lo abren y lo cierran las citas de dos monstruos
del verso. Antes de empezar, Bertolt Brecht:
En los tiempos sombríos,
¿se cantará también?
También se cantará
Sobre los tiempos sombríos.
para recordar los tiempos sombríos,
los de entonces, los del hoy y ahora, o como la poesía nos sirve para marcarlos
en el tiempo siempre, como cada poesía, en este sentido puede ser una bandera,
y un arma cargada de futuro como dejó
escrito Gabriel Celaya.
Y después, terminamos con mi paisano
Jaime Gil de Biedma, que nos dice cómo para conocer y haber probado las frutas
del amor, el amor cual manzana crujiente, es suficiente e indispensable haberla
mordido, pero sobre todo, haberlo pedido alguna vez…:
Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
La fruta del libro que querría destacar es la de La máquina del tiempo, dedicada al gran
Ángel González:
Yo me asomaba al mundo, tantas veces,
(…)
Y también el amor, eso que llaman
amor, y que conduce al llanto o al
delirio,
la tibia indecisión de las verdades,
la ruina de las manos, la avaricia
de los dedos buscando caminos donde
nadie
se hubo perdido antes. Sobre todo el
amor
como bálsamo suave, igual que el
linimento
de los gimnasios o los vestuarios,
ese olor a victoria aún habiendo
perdido.
Versos que me recuerdan, a pesar de
lo mucho que hemos leído del amor, ese personaje acaparador, el final de una
novela memorable, El licor muerto del
escritor y periodista griego Giannis Xanthoulis, traducida al castellano por mi
amiga Cristina Serna y que terminaba así:
Puede
parecer que divago, pero me he pasado toda una vida intentado precisar “el
sentido de las cosas” y, si acaso he olvidado muchas cosas –y es muy probable
que así sea-, recuerdo, sin embargo, el amor. Eso sí que lo recuerdo…
Atenas, mayo de 1987
De las muchas banderas me quedo con Oración, entre otras razones que tienen que ver con la calidad
poética, la emotividad y la rabia contenida, ese amor apasionado a la vez que
ese desconsuelo por la ciudad de su alma, el Madrid contradictorio de Paco, y
también por la cercanía en el tiempo, porque yo viví aquél 11 de marzo del 2004
desde mi Barcelona también del alma que lloraba lo ocurrido, todo el día
enganchado a los medios, odiando sí, soy humano, desde el odio, a los que
indirectamente habían provocado la masacre, los de la foto de las azores,
perdidos tantos días entre dos líneas de investigación. Esos cuya conciencia ya
jamás estará limpia.
Oración
Como si el nombre de este mes tuviera
algún significado, digo marzo,
aunque puedo decir también noviembre,
o septiembre, o dolor, o enero o fiebre.
Puedo decir esquirlas
de huesos en los bancos de los parques,
(…)
Puedo decir pronombres,
signos de admiración, sirenas,
adjetivos con uniformes, cifras
exponenciales, devastadores cálculos.
Puedo contar que he visto
a una mujer llorando con el llanto
más triste y silencioso del planeta.
Una oración.
Una
oración atea
en la ciudad más digna e insurgente,
la más desmoronada, la que hoy
contiene más preguntas.
Santa Eugenia, 11 de marzo de 2004
De ese grupo de poemas que son
frutas y banderas a un tiempo, confundiendo la lucha política y el amor añorado
de los años jóvenes, de ese grupo al que me refería en la introducción y que
quizás mejor resuma la intencionalidad, la motivación genética del libro de
Paco, me quedo con La memoria herida.
Es largo septiembre sobre una piel
infante.
Un presagio de invierno,
tal vez un torbellino de miseria y
destierro
para un brazo vencido,
para el labio tan joven desangrado en la
tarde.
Hay edades que son para los cromos,
para las golosinas, para el aprendizaje
alevoso y feliz de los pechos alzados,
para el tacto de pubis como peluche
suave,
para el grito en la dicha y después la
pandilla,
y cannabis, cerveza, los sexos
encendidos,
el besar inconsciente, la torpeza y la
duda.
pero no para el duelo,
para el dolor no hay cita.
No hay edad para el llanto.
nos robaban la vida.
domingo, 30 de junio de 2013
Los pozos del deseo
Los pozos del deseo
Raúl Nieto de la Torre
Madrid, 2013
Poesía. Colección Baños del Carmen nº 364
Ediciones Vitrubio
ISBN: 978-84-941208-5-5
Los pozos del deseo de Raúl Nieto de la Torre es un auténtico poemario de
amor. Un puñado de poemas de una profundidad y pasión tan desbocadas e
irrefrenables que al lanzarlos a la inmensidad de la lectura, te dejan
abandonado a la oquedad del silencio. Un amor que se hunde por el hueco de un
pozo que no tiene fondo y que hace que, como la piedra que cae, recordando a la
de Salinas de La voz a ti debida,
produzca un sonido pequeño, ensordecido al final del viaje. Una voz debida a su
motor e hilo conductor: la amada Melissa.
El libro se divide en dos partes, la primera, Sala de estar solo, cuyo título omite
por error el índice, con veinticinco poemas, y la segunda, Contra todo pronóstico, con veintiséis poemas más. Cincuenta y un
poemas en total, algunos de los cuales son verdaderas pedradas en la sien, que
diría Ramón Irigoyen que resulta ser un buen poema.
La curiosidad del libro no es que la propia amada,
Melissa, intervenga como motor del deseo y como actriz deseante a la vez, esto,
sería lo normal, lo extraordinario es que además, intervenga con su propia
palabra escrita. No sabemos si conscientemente ya que Raúl confiesa haber
utilizado e incluso usurpado algunas de las palabras de su diario íntimo. El
poeta y amante, cual voyeur celoso,
atrapa esas palabras para perpetrar una lírica cópula en algunos de sus poemas,
en un juego en el que las palabras del diario de Melissa y los poemas de Raúl,
se retan, se seducen y acaban por retozar sin pudor frente al lector perplejo.
Los fragmentos del diario de Melissa aparecen repetida y estratégicamente hasta
once veces a lo largo del libro, de manera que aunque el poeta no hubiera
confesado el delito en la presentación del libro, el lector la hubiera
descubierto en cualquier caso como el hilo conductor de los pozos del deseo que
habitan en muchos de los versos.
Algunos fragmentos de ese diario,
son un enigma que el poema desvela, otras veces, algunos poemas, son realmente
los explicitados por los fragmentos robados por el poeta al diario íntimo de
Melissa.
Y cómo no, el libro empieza con una
dedicatoria transparente de tan sencilla y sincera, a ella:
A
Melissa, mi más bella historia de amor.
Y no puedo evitar recordar, como imagino que Raúl en el
momento de escribirla, esos versos de Serrat en su linda canción de amor, Lucía:
Vuela
esta canción para ti Lucía,
la
más bella historia de amor que tuve y tendré (…)
De la primera parte, Sala
de estar solo, destaco dos versos del poema que da título al libro Los pozos del deseo, y que dicen:
(Pongamos que
escribir es una tierna
manera de juntar todos los trozos)
Se está refiriendo a los trozos de uno mismo, a esa suma
de aspectos más íntimos del ser humano. Pero además, me gustan esos dos versos
por la imagen que sugieren, porque me toca directamente como escritor y porque
recuerdan también a esas otras bellas palabras del escritor uruguayo, Eduardo
Galeano cuando dice aquello de:
¿Para qué escribe uno
sino para juntar sus pedazos?
Y dentro de la primera parte también, es inevitable
destacar otro poema excelente que viste la contraportada del libro,
precisamente para darle categoría al conjunto y al libro físico. Me refiero a Si no te hubiera conocido.
Cuando llegue la gran
pregunta
o nos salga de dentro, acuérdate
de que un día
elegimos ser libres y amarnos.
Acuérdate de eso –te digo-
porque los restos…
porque las cáscaras vacías…
porque qué otra cosa no arrojar a este pozo
enfrente del que vamos desnudándonos.
Qué ansiedad la del hombre
que se mira en la nada
y encuentra en ella su reflejo.
De la segunda parte, Contra
todo pronóstico, destacaré tres momentos especiales, o al menos, especiales
porque resumen de alguna manera la intencionalidad y el homenaje de amor al
amor, y a Melissa que lo encarna, especiales simplemente porque me encantan. El
primero, bellísimo y muy sensual, la imagen de la inmensidad y fetiche
universal del sexo femenino.
Secreta geografía
Tu vello púbico, el
principio
de un nuevo
continente
del cual solo
acercando bien la boca,
la nariz, el oído…
siento el mar
interior que lo recorre.
El segundo es un fragmento, una estrofa, la tercera, del
poema Diario enemigo dedicado al
enigma del diario íntimo de la amada como hilo conductor. Cuatro versos que
dicen la absoluta verdad al respecto, lo que cualquier autor de diarios y ya no
digamos lo que cualquier voyeur
usurpador de secretos entiende que es en realidad la verdadera utopía del
formato:
III
No son tus verdaderos
secretos los que
escribes en tu diario
sino los que callas
también en él.
Y finalmente, el poema Compañeros de viaje, porque explica y resume lo más bonito y
sencillo a lo que puede aspirar a recibir un amante de la otra parte del
sortilegio, del amado, que no es otra cosa que llegar a querer la condición
humana. Como un homenaje sensorial, pasando incluso por encima de la literatura
a la que casi relega en el último verso, a la condición de circunstancia menor.
Y hemos devuelto al
tiempo lo que es suyo
Para salir de aquella
alcoba oscura.
Dormida en el asiento
delantero,
mientras deshago el
nudo de las curvas
hacia un pueblecito
en la montaña,
me has dado de ti
algo que yo no conocía;
que tanto se parece a
la confianza,
al deseo y a la
lúcida locura
de amar seres
humanos…
Que el resto solo es
literatura.
Me apetece añadir finalmente que Raúl, el día de la
presentación del libro, estuvo suelto y exultante, de una generosidad,
transparencia y entusiasmos enormes. No recordaba una presentación en la que un
autor fuera más espontáneo y directo, mano a mano entre caña y poema, guiño al
editor y a la legión de amigos en un rincón de Don Antonio a rebosar. Y cosas
así, que en parte explican la calidad literaria y humana de la obra, también se
agradecen. En definitiva, huir de los academicismos para abandonarse al gozo
absoluto y humilde de los versos entre lettraheridos.
Salir ileso
Salir ileso
Raúl Nieto de la Torre
Madrid, 2011
Poesía. Ediciones Vitrubio
ISBN: 978-84-92770-97-7
Salir Ileso de Raúl Nieto de la Torre es una pequeña selección de poemas editados e
inéditos desde 1996 hasta 2010. Están acompañados de fotografías de Rubén,
hermano del autor, imágenes llenas de significado con las que los poemas establecen
un diálogo sumamente enriquecedor.
Esto es lo que viene a decirse en la
solapa del libro. A ello cabría añadir que es un libro panorámico y no sólo por
estar acertadamente ilustrado por algunas fotografías de gran calidad y capacidad
evocadora, sino por tratarse además de un repertorio de la obra del joven
poeta. Un panorama que abarca desde su primera etapa, Primeros poemas (1996-2005), hasta los más recientes, Penúltimos poemas (2009-2010), pasando
por Zapatos de andar calles vacías (2006)
y Tríptico del día después (2008), estos
dos últimos libros, como Salir ileso, editados
también por Vitrubio.
En esos primeros poemas están la
madre, la adolescencia, los primeros amores y esa autoafirmación del joven que
necesita ponerle palabras al descubrimiento de la vida. Y lo hace en verso
porque ya es poeta antes de ser la confirmación de un hombre. Quizás, el más
representativo de esta primera parte y etapa creativa sea este poema:
Autorretrato de
otro
(…)
Crecí perdiendo
paraísos.
Apuntalé la noche
en un cuaderno.
Una ventana obtuve
por respuesta
cuando cerré la
puerta a mis espaldas.
Libros, películas,
domingos rotos,
llamadas
telefónicas, las sábanas en blanco,
la tristeza fingida
para escribir un verso.
Tuve dos perros
buenos que no comían gato,
faltas de
ortografía, una chupa de cuero,
retales solamente
para un autorretrato.
En el segundo bloque, con poemas de Zapatos de andar calles vacías, se
observa la evidencia de una evolución vital y felizmente también poética, con
su consiguiente mar de incertidumbres, y poemas que sugieren los primeros
estragos nutritivos de la negación, la reafirmación desde la duda. Un ejemplo
es este:
En días como este
(…)
En días como este
lo mejor
es andar mucho,
lejos,
sin querer
acordarse de la vuelta,
por calles y
comercios
ebrios de lucecitas
que sonríen.
Lo mismo no te
acuerdas
después y tienes
que inventar un mapa
como cuando eras
niño para ser
pirata en una isla
(la cosa es que en
días como este
ni escribo, ni
sueño,
ni rompo a andar,
y mucho menos doy
con el tesoro).
El
tercer bloque, de Tríptico del día
después, ilustra la madurez del amor. Lo componen cuatro poemas y cuatro
textos breves en prosa poética, el último de los cuales, por lo que sé de Raúl,
podría representar una imagen de su viaje a Estados Unidos con su amada
Melissa. Se titula Florida y de él,
destaco el párrafo inicial y el final:
Sudor de vodka con limón, avión que
derrapa en una curva de Madrid, casada rubia y lengua florecida. Viajé en tu
cuerpo hacia Florida, en tu cuerpo de carreteras y playas. No recuerdo si
volví.
(…)
Flor ya ida, despetalada entre mis
dientes cuando aún no habían dado las doce en el reloj de todos los adioses.
¿Recuerdas? Hice una cruz en tu boca y en tus pechos dejando un rastro de
cenizas blancas. Que sople el viento y se las lleve.
Que
sople el viento para que no quede más que el rastro más importante: el del
recuerdo y los versos inmortalizándolo, añadiría este humilde lector.
La
selección de Penúltimos poemas, del
2009 y el 2010 es una miscelánea de siete poemas de temática diversa, en la que
pierde peso el asunto amoroso en beneficio de momentos, imágenes y reflexiones
que serían el colofón de ese panorama evolutivo del que hablaba al principio, y
que son la antesala de una obra posterior de mayor calado, como se verá en su
próximo libro de poemas, de reciente aparición, Los pozos del deseo.
De este cuarto y último bloque destaco, obstinado en el
amor, un poema y un fragmento de otro, que son dos auténticas delicias de un
poeta experto ya en poesía amorosa.
Poema de amor
Ya sé que muerdo
mal, mi mala dentadura
dejará rastros de
mí equivocados
en frutas, panes y
otros alimentos.
Sólo tú sabes lo
que digo
-lo que quiero
decir-
cuando muerdo.
Cena de Navidad
(…)
Debes saber que en
Navidad
puede quedarse fría
la sopa
mientras vemos la
tele, aunque también
a veces hay que
acudir a la mesa
con precipitación,
atender las llamadas
de familiares y
escuchar solemnes
el discurso del
Rey.
Pero, amor,
tú no te pongas
bragas, déjame
al menos esa luz
encendida.
Título
premonitorio el de este libro de Raúl Nieto de la Torre, de cuya lectura, les
aseguro, yo no he salido ileso. Y por ello, habré de volver.
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