Blog Atelier Literario
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martes, 4 de noviembre de 2014
lunes, 25 de agosto de 2014
Doble reseña, Sándor Marai y Luisgé Martín.

La mujer justa
Sándor Márai
Barcelona, 2ª edición de enero de 2012
Colección Letras de Bolsillo
Editorial Salamandra S.A.
ISBN: 978-84-9838-368-3
La mujer de sombra
Luisgé Martín
Barcelona, 1ª edición de marzo de 2012
Colección Narrativas Hispánicas nº 498
Editorial Anagrama S.A.
ISBN: 978-84-339-7239-2
Esta doble reseña quiere ser un ligero apunte sobre ambos
libros pero sobre todo, quiere ser una reseña de la amistad, doble también; la
amistad de dos personas. Siempre me ha gustado regalar libros. Y que me los
regalen. Lo que no soporto es dejarlos en arriesgado préstamo, arriesgado para
los libros y en especial, para la amistad. Considero que regalar libros es un
pequeño arte y por lo tanto, no todo el mundo está igualmente preparado. Cada
persona, cada relación y cada momento, requieren un libro y no otro porque en
cada libro regalado puede haber un mensaje a medida, a veces, incluso
inconsciente.
El
ritual tuvo lugar el pasado 29 de enero en la planta baja del Café Comercial de
Madrid. Allí me encontré con mis amigos Mar Rodríguez y José Antonio López Guzmán,
alias Jal, para brindar con cava y poner así un broche final simbólico a mi
etapa madrileña de cuatro años y medio. Ellos forman parte de un nutrido grupo
de amigos de esa ciudad incrustada en mi corazón, pero ellos son singulares al
mismo tiempo. Porque no es fácil ser amigos a la vez que se comparte empresa.
Pero sobre todo, porque no es fácil tener la inmensa talla humana que ellos
tienen.
De
repente, decido jugar a que cada lector adivine qué libro me regaló cada uno de
mis amigos. Sin pistas elaboradas, puro juego y albedrío.
Jal es
el profesional más serio y comprometido que conozco, un auténtico vendedor de
libros, como Mar y un servidor también, pero Jal rompe el molde. Lleva toda su
vida en ello, nunca debieron suprimir de nuestras nóminas la palabra viajante,
pero ya se sabe que a menudo, nos asusta la autenticidad de las palabras y nos
alejamos de ellas, buscando otras, porque nos da miedo parecer antiguos o lo
que es peor, que estamos fuera de mercado. Jal es un viajante de experiencias y
amistades, de ideas y excelentes resultados. Además de asiduo lector, fiel
marido y buen padre de familia, es karateka y, qué le vamos a hacer, madridista
inmoderado.
Mar le
pisa los talones en lo profesional, no en vano fue su discípula antes que
amiga. Ella es un ejemplo de mujer independiente, amante de la cultura,
inquieta y elegante. Hablo de esa elegancia que va más allá de la apariencia,
que también, de esa elegancia innata pulida a base de haberse hecho a sí misma.
Hablemos
ahora de los libros.
Hacía
tiempo que sentía curiosidad por leer a Luisgé Martín, el autor de La mujer de sombra, de manera que
recibir este libro ya empezaba siendo un acierto. Y la lectura ha saciado con
placer dicha curiosidad.
Guillermo,
poco antes de morir le confiesa a su amigo Eusebio que tiene una relación
sadomasoquista con una mujer misteriosa. Poco tiempo después Eusebio decide
buscarla para contarle que su amigo ha muerto pero al conocerla se enamora y
calla, se deja llevar e inician así una nueva relación. Julia a él no lo trata
igual, no lo humilla sino que lo ama con ternura. Y la duda crece en la mente
de Eusebio hasta la obsesión. Julia, ¿es la Marcia, que azotaba a su amigo, la
misma que a él lo ama con dulzura? ¿Qué sabemos de ella? Acaso nada o solo el
efecto que provoca en Guillermo primero y en Eusebio, después. Pero Eusebio
está dispuesto a todo por averiguarlo.
La
novela consigue embaucarnos desde el principio con una historia triangular de
sexo nada convencional o directamente al margen de toda ley o moralidad. Pero
lo que en principio parece un puro efectismo para engancharnos desde el morbo,
acaba convirtiéndose en un virtuoso renacer del sentimiento amoroso más
espiritual desde la catarsis de lo sexual. En esa línea, el final es de una
sutileza emocional que bien vale la pena el viaje de tensiones pasionales con
escenas de una potencia sexual enorme. Como dirían en algunos programas de
televisión, no lo prueben en sus casas.
A Sándor
Márai en cambio ya lo conocía desde hacía unos años cuando leí su magistral novela
El último encuentro. Tan buena me
pareció aquella novela, que como me ocurre con los mal llamados autores raros,
decidí no leer nada más y quedarme con aquél sabor. Y entonces, apareció esta
otra novela. Quién sabe si mis sagaces amigos me lo escucharon decir en alguna
de nuestras conversaciones sobre libros y decidieron darme más motivos para
admirar a este húngaro genial. Y hablando de triángulos amorosos, Sándor Márai
en ambas novelas los borda.
La mujer justa es una historia dividida
en tres partes, la de Marika, la de su marido Péter, ambos ricos burgueses antes
de la gran guerra del cuarenta y cinco y la de Judit, sirvienta pobre que
trabaja desde muy joven en la casa de Peter y que acaba casándose con él. La
primera mujer, Marika, le explica a una amiga en una cafetería de Budapest cómo
descubrió a través de un pequeño detalle que su marido estaba enamorado
obsesivamente de la sirvienta. Esa misma noche y en la misma ciudad, Péter le
cuenta a un amigo cómo abandonó a su mujer por Judit a la que desea desde el
día en que la conoce sirviendo en la casa de sus padres y cómo, después de
casarse con ella, la pierde para siempre. Al alba, Judit le cuenta a su amante
en esos momentos cómo ella, de origen muy humilde, consigue casarse con un
hombre rico aunque el matrimonio termina víctima del resentimiento clasista y
la venganza.
La
virtud de la novela y me temo que de Márai en general es la de diseccionar
hasta una minuciosidad de relojero suizo la psicología de los personajes. Márai
es un enorme constructor de personajes, de los que no deja resquicios hasta
conseguir que los conozcamos con una perfección proustiana. Pero no solo
escarba y bucea en sus almas, a menudo atormentadas, sino sobre todo en las
relaciones, como juego de carambolas, que se establecen entre ellos a lo largo
de una trama compleja que teje hasta configurar el tapiz perfecto de una
historia sustancial.
La
coincidencia entre ambos títulos, dos mujeres, una de sombra y la otra, justa;
es una coincidencia por supuesto accidental. Aunque quizás no lo sea tanto si
tenemos en cuenta que la figura de la mujer es una constante en mi universo
literario. La mujer como motor imaginario y narrativo, como si de una queste caballeresca se tratase.
La
coincidencia triangular de las novelas de Luisgé Martín, y de Sándor Márai, con
este otro triángulo de amigos es eso, pura coincidencia, no existe parecido alguno
con la realidad de la ficción. ¿Era necesaria la aclaración? Quizás no, o sí,
imaginen lo que les plazca. La literatura está hecha de esta pulsión tan
divertida de imaginar mentiras, de no creerse todas las verdades.
sábado, 23 de agosto de 2014
Reseña de "Catalanes todos", de Javier Pérez Andújar.
Catalanes todos
Javier Pérez Andújar
Barcelona, 1ª edición de mayo de 2014
Colección Andanzas nº 834
Tusquets Editores S.A.
ISBN: 978-84-8383-877-8
Esta crónica novelada de la relación entre el franquismo
y Cataluña y buena parte de los catalanes de entonces, y de ahora, era
necesaria. Pero hacía falta un escritor como Javier Pérez Andújar para
escribirla. Algunos le acusarán, o lo han hecho ya, de oportunismo. Yo, lo
acuso de oportuno. Porque más allá de la posición política que cada uno tenga
frente a los entresijos del conflicto, está la verdad. Y para la verdad, ahí es
nada, sólo es necesario ser valiente. No hay verdades subjetivas, la verdad es
sólo una y agrada o escuece a unos y a otros en la medida en que cada uno
quiera manipularla y ponerla al servicio de sus intereses. Pero la verdad son
los hechos y esos, ahí están.
Y en Catalanes
todos, los hechos se centran en las quince visitas que Franco hizo a
Catalunya y especialmente a Barcelona a lo largo de sus cuarenta años de
jodienda. Las masas lo recibían alborozado, las empresas enviaban a sus
empleados para jalear al Caudillo, en una Vanguardia del 18 de junio de 1970
por ejemplo, podía leerse: A partir de
las cuatro de la tarde, festivo, abonable y sin recuperar… como el propio
Pérez Andújar recuerda en la introducción. Y las escuelas, cerraban como día
festivo. Yo, que también tengo edad para haber vivido la última etapa, recuerdo
que durante los últimos días de su agonía y nuestra esperanza, mis escuelas
parroquiales cerraron una semana entera que dedicamos a jugar a fútbol, a las
canicas, o a churro media manga mangotero. Y después, cuando Carrero Blanco
comunicó compungido que Franco había muerto, volvimos a la tímida e incipiente normalidad.
Pérez Andújar ata y novela esas quince visitas con acierto,
utiliza como “portland” narrativo, el motor
dramático dice él, la vida de unas serie de personajes, sus aventuras y sus
diálogos inventados. Y de pura chiripa nada, le sale bien, muy bien. Muchos de
esos personajes son reconocibles, son esos franquistas catalanes que con el
tiempo han evolucionado como demócratas catalanistas, algunos de los cuales,
hoy hijos y nietos de aquellos, se están partiendo ahora la cara por la
soberanía catalana. Son personajes que miraron para otro lado, catalanes que ajusticiaron
a otros catalanes, personajes que salvaron su culo y sus empresas a costa de
levantar el brazo con los dedos estirados. Patria
es una manera épica de llamar a la caja registradora, se dice en algún
momento. Personajes algunos que fueron movidos por el miedo a perderlo todo,
catalanes que hablaban en castellano, se avergonzaban de su propia lengua y
sólo la hablaban, si acaso, en la intimidad. Personajes que hoy tienen a sus
descendientes cerca del poder. Y esta es la parte que más escuece de este libro
valiente, que muchos de ellos son perfectamente reconocibles. En esto no hay
sorpresa, dinero y poder, poder y totalitarismo iban y siguen yendo unidos.
Dice Pérez Andújar, y dice bien, que el
victimismo es la usurpación del dolor de las víctimas, pero habría que
aclarar que víctimas haberlas las hubo, las hay. Lo que pasa es que este libro
no va de eso y no va de eso quizás por ser lo más evidente, que franquismo es
igual a dictadura, a miedo, a silencio. Yo diría que precisamente por eso, este
libro lo que hace es señalar a sus cómplices.
Por otra parte, ya debería haberlo dicho, como quedó
claro en la presentación a cargo de Gonzalo Laguno y Rubén Lardín, el pasado
veintidós de mayo; este libro pretende ser un libro de humor, un libro para
partirse el culo de la risa, y un libro sobre el mamoneo de aquellos. Y así es.
Son impagables por ejemplo los diálogos entre Franco y Carmen Polo, “la
collares” como creo recordar que la llamaban mis mayores. Por ejemplo:
__ Paco, ¿qué es el
autoritarismo?
__ Pues que te pasean
en auto, la misma palabra lo dice, Carmen.
__ Y el totalitarismo
¿qué es?
__ Una vergüenza,
mujer. El oprobio de los regímenes. El totalitarismo es la decadencia, es
cuando ya mangonea todo el mundo, de ahí el nombre: todos. Ya lo dijeron los
latinos: Totus tuus: todos pillan. Y yo esta guerra la he ganado para nosotros
dos solos, pichoncito. España, es nuestro nidito de amor
O cuando reciben la visita del cónsul italiano:
__ ¿Te quieres
creer que a mí el italiano me recuerda un poquito el catalán?
__ ¡No digas
disparates, mujer! El italiano es mucho más elegante. No vayas a comparar a
Garibaldi con el tamborilero del Bruch.
De todos modos, quiero observar que el humor siempre
tiene un contrapunto de tristeza, también de tragedia. El personaje que mejor
ilustra ese contrapunto es el de Juan Oliva Fabregat, Juanito Oliva. Un claro
espécimen de catalán franquista vendido al régimen con pleno convencimiento.
Alguien que al volver a Barcelona desde el frente, solicitaba el orgullo de
participar con un máuser en los fusilamientos del campo de la Bota, o una
pierna de madera de pino sobre la que apoyar el muñón que le quedó al perder un
pie defendiendo la unidad de España. Un Juanito Oliva que termina recogiendo
las heces de los caballos en el Club de Polo para ganarse unas perras y que un
día es vejado por los mismos dirigentes a los que ha servido e idolatrado.
Ese contrapunto de tragedia lo ilustra el miedo, un miedo
más o menos explícito en algunos de los personajes que se cruzan en esta
historia.
El libro termina con una narración extra y
extraordinaria, La dimisión, un
vodevil que teatraliza las horas previas a la dimisión del presidente de
Gobierno Adolfo Suárez. Un ejemplo para un país actual en el que no dimite ni
Dios. Un texto esperpéntico en el que el humor continúa y aún se acentúa. Y en
el que se ilustra lo que Suárez tuvo muy claro y hoy ya es moneda común: que la
televisión es el primer vehículo propagandístico al servicio de la política.
Por eso tuvo la rara capacidad, impensable hoy, de retransmitir por televisión
su propia dimisión como presidente. Otra cosa es, y para otro debate, si lo
hizo porque sabía lo que iba a venir a continuación en forma de tricornio y
bigote, disparos en el congreso y un Rey salvador. En alguna de las intervenciones
del Suárez personaje de este vodevil se ilustra esa voluntad de servirse del
poder de la televisión.
SUÁREZ: Pues la
democracia española tiene que ser como Los Roper.
RAFAEL: ¿Por
entregas?
SUÁREZ: No, por
televisión. Las cosas ahora son para que se vean. La gente cree más en lo que
ve en la tele que lo que ve en la calle, así que tenemos que construir una
democracia de televisión más que de ninguna otra clase. Si no, no se la va a
creer nadie.
RAFAEL: Un
espectáculo para el gran público.
(…)
SUÁREZ: Pues en la
televisión es donde nace la realidad. Igual que hice con el Rey, ahora vamos a
fabricar la democracia desde la televisión. Ese será el modelo español de
transición. Nos lo quitarán de las manos.
(…)
SUÁREZ: Los votos son
la parte fácil de la democracia. Diez minutos de televisión son seis millones
de votos. Así funciona.
Y ya ven, hoy día, hasta dónde hemos llegado con los
medios.
En definitiva, en estas dos piezas de humor, Catalanes todos y La dimisión, tienen ustedes una denuncia divertida e inteligente de
algunas de las miserias históricas y políticas recientes de este país, cuyo
rastro llega, salpicando, hasta el presente más rabioso. No se engañen, es puro
placer lector, el resto son simples aditivos que nos ponemos para pasar por
políticamente correctos en un momento como el actual en el que cada uno camufla
la verdad tras su bandera. Catalanes
todos somos los que nacimos o no, vivimos o no, robamos o no; en Cataluña.
Y el gran e inteligente, el gamberro de Javier Pérez Andújar, que escribió ya
en el 2002 una primera versión de las visitas de Franco a Catalunya, que ahora
las ha reescrito con Catalanes todos para
entre otras cosas ligar pasado y presente; podría volver de nuevo a escribir
sobre la que se avecina, la nueva caída de viejos mitos, la fresca y saludable
vigencia del mamoneo.
jueves, 21 de agosto de 2014
Magazine Cultural Láudano
Láudano
Magazine Cultural
Número 01/2014 Memento
mori
Barcelona, 2014
Editor: Beatriz G. Guirado
Redacción: José Juan F. Panzano
Diseño: Helio Lozano Carreras
Fotografía: Dir. Stefanía Vara
y Fernando Medina(Coin)
Comunicación y márquetin: Martín G. Guirado
Ediciones Cuarenta Pisos (Badalona)
DL.B.3573-2014
Esté verano, por una suerte de carambolas cayó en mis
manos el primer número del magazine cultural Láudano. No he podido resistir la
tentación y a la vez, escribir esta reseña como un acto de justicia. Porque le
auguro y deseo una larga vida y un sinfín de números al magazine. La principal
razón es sin duda su calidad, pero también, por qué no decirlo, el derroche de
pasión y valentía que comportan una iniciativa así en los tiempos que corren de
la prisa, lo efímero y la estupidez anti papel.
Quizás por eso el nombre esté bien escogido y ya sea una
provocación inicial, porque para vacunarse contra la incultura, el Láudano, un
preparado que ya se utilizaba mucho en el siglo XIX como analgésico, cuya base
es el opio, el azafrán y el vino blanco; sea una buena solución.
El formato, la edición y la calidad del papel son muy
destacables, un continente a la altura de lo más importante, el contenido. Y de
ambas cosas son responsables la editora Beatriz G. Guirado, el redactor José
Juan F. Panzano, el diseño de Helio Lozano y la fotografía, dirigida por
Stefanía Vara a quien acompaña Fernando Medina (Coin), aunque en este número
echo de menos una mayor presencia del gran fotógrafo que es Coin. Además de
este equipo, el primer número cuenta con un nutrido grupo de diecinueve
colaboradores.
Este primer número monográfico, titulado Memento mori, recuerda la presencia de
la muerte en diferentes manifestaciones del arte. Así, tenemos cuatro textos de
Beatriz G. Guirado, con una redacción ágil y directa. De estos cuatro me han
interesado especialmente los dedicados a la artista americana Laurie Lipton,
recomendable el artículo y los dibujos de Lipton; y el artículo dedicado al
Death Drawing, un club inglés de dibujantes, dedicado al arte de lo macabro y
lo siniestro.
Tenemos también un curioso reportaje a cargo de uno de
los colaboradores, Carlos G. Castilla. En él se nos presenta a Adrià y Manel
Hernández, nieto y abuelo respectivamente, dos expertos sobre la gestión del
morir, ambos muy cercanos ya que Adrià trabaja en el Departamento de
Comunicación del Cementerio de Montjuïc; y el abuelo Manel es el fundador de la
segunda mayor biblioteca funeraria de Europa. ¿No se perdería cualquier
bibliófilo, yo mismo por ejemplo, entre esas estanterías?
De otra colaboradora, Marina Sanmartín, tenemos el
reportaje digamos que más mediático del número, dedicado a la pasión post
mórtem del actor e historietista (según Wikipedia), Carlos Areces. Areces
muestra algunos ejemplos de su colección de fotografías post mórtem. La
fotografía de difuntos estuvo muy extendida desde la segunda mitad del siglo
XIX y hasta la primera guerra mundial, excepciones posteriores las hay, como
por ejemplo la del Che Guevara. Es interesante imaginar las dificultades de
esta práctica, porque se trataba de preservar el recuerdo de los finados, para
quien pudiera permitírselo, claro, teniendo que preparar el cadáver y los
decorados de manera que el resultado fuera digno.
Al margen de otros tantos trabajos a la altura de los ya
comentados, destacaría una sección de pura creación literaria, titulada
relatos, que imagino, pretende ser una sección fija en sucesivos números. Siempre
es interesante y de agradecer, apostar por nuevas voces literarias. En este
caso, girando en torno a la muerte, se presentan tres relatos breves, cuyo
resultado es tan pretencioso como prometedor.
No me queda más que invitarlos a disfrutar de esta
propuesta cultural de calidad, un Láudano que les calmará el aturdimiento de la
numerosa oferta existente y, habitualmente vendida a los intereses económicos
de los grupos de comunicación que la financia.
Y en mi caso, ya no me queda otro remedio que esperar el
número dos. La revista Láudano y yo, nos lo merecemos.
lunes, 18 de agosto de 2014
Reseña de la novela "Tiza", de Eugenio Asensio.
Tiza
Eugenio Asensio Solaz
Barcelona, 1ª edición de marzo de 2014
Colección Narrativa nº 2
Editorial Playa de Ákaba S.L.
ISBN: 978-84-941451-5-3
Esta novela tenía que publicarse. Hacen falta
novelas como ésta en el panorama literario actual de este país. Y me consta que
alguna editorial menos atinada que la emergente y atrevida Playa de Ákaba, se
debe estar tirando de las melenas, pero allá ellos. Yo también tuve el placer y
el honor de leer la versión original, incluso antes que los editores, y de
considerar desde mi condición de amigo, y un amigo es el que dice la verdad;
que la novela merecía que esta reseña empezase como la he empezado.
Tiza
no es una novela juvenil, ni tampoco negra
a pesar de contener un asesinato, no es una novela más sobre el desencanto que
padecen algunos docentes y sin embargo la novela tiene algo de todo eso. El
argumento es sencillo. Un profesor visita a un ex alumno que está en la cárcel
acusado de asesinato. La madre de Héctor le pide al profesor que hable con él
porque confía en su inocencia y necesita, desde su desesperación, que alguien
crea en su hijo. Pero lo que en principio parece una trama tópica acaba
convirtiéndose en una lucha psicológica entre Héctor y su ex profesor. Una
batalla final de ambas conciencias, una acusación del chico ante la indolencia
y la supuesta impunidad del profesor en la forma de dar sus clases y de
repercutir con ellas, y con el trato de ciertos tópicos universales de la
literatura; sobre la maduración de los alumnos. En eso se escuda Héctor para
pasar por alto su verdadera responsabilidad. ¿Quién será finalmente el
verdadero culpable?
Tiza
es una novela bien estructurada, con un
ritmo equilibrado y de tensión ascendente que lleva al lector a sorprenderse y
a querer saber toda la verdad hasta la última página. Una novela con diálogos
excelentes y el mérito de construir dos grandes personajes. ¿No es eso en gran medida
la buena literatura? ¿La construcción de buenos personajes? ¿La manera de
diseccionarlos en medio de una trama fluida y sencilla? El profesor y Héctor
son ese tipo de personajes, complejos y profundos en su misma sencillez y
miseria humanas. El profesor es un desencantado de la profesión, un ser humano
en decadencia que busca sin embargo redimirse y Héctor, el alumno, un
delincuente que busca también redimirse demostrando la culpa de los demás. Pero
hay otros personajes transcendentales, el más tierno e inocente como es la
madre, que se limita a padecer la situación y buscar ayuda, pero sobre todo la
chica que acompaña a Héctor el día del asesinato, Olga, la amiga cuya actitud y
pasividad acentúa la ira y la oportunidad de gallear del chico ante la víctima.
Ese momento quizás sea el clímax de la acción, una acción que pasa casi
desapercibida a lo largo de la novela pero sobre la que sin embargo gira toda
ella. Eugenio Asensio como buen profesor y doctor en Filología Hispánica,
sabedor de la importancia del inicio de una novela para captar ese primer
impulso lector, nos regala una primera página magistral en la que se condensa
el tono confesional de la voz narrativa, la voz en primera persona del profesor
que nos cuenta su historia y la de Héctor:
La
primera imagen que se me dibuja al recordar a Héctor la sitúo en una estancia
estrecha, enmarcada en una limpieza oficial, donde venían a morir melodías
desafinadas, llamadas amplificadas y rematadas con el pitido tembloroso de un
timbre lejano. Todos los sonidos, que previamente rebotaban por el corredor,
penetraban con el esfuerzo de una reverberación moribunda. También recuerdo que
ese lugar se difuminaba en la irrealidad de un tragaluz que proyectaba la caída
oblicua del polvo, como una fuente malsana que irrigase luz sucia. Ahí,
guardado en el álbum fotográfico de la memoria, habitará para siempre Héctor. (…)
Así mismo, el último capítulo es impecable
porque cierra y ata todos los cabos de la trama dándole sentido al conflicto,
con una batalla dialéctica entre profesor y ex alumno maravillosamente escrita.
En ese largo diálogo hay incluso rasgos de thriller psicológico con momentos de
gran tensión narrativa, como cuando Héctor, dominador de la situación, controla
los movimientos de su ex profesor, rozando incluso las puertas del
enfrentamiento físico:
Me
levanté decidido a pulsar el botón del interfono para pedir a quien estuviera
en la otra parte, que me vinieran a buscar. Héctor se levantó a toda velocidad
y me cortó el paso.
__ Profe, la clase no se ha acabado.
¿Tú has oído el timbre? –Y clavó sus ojos en los míos, aunque aquellos ya no
pareciesen los suyos.
Por otra parte, Eugenio Asensio ha insistido
en los medios y en las diversas presentaciones realizadas, que Tiza es una novela desmitificadora, una
novela cuyo principal objetivo es el de reivindicar el derecho de un profesor a
ser imperfecto y huir así de toda idealización. Haberlo conseguido, con un
personaje que rompe el mito social del buen profesor sin embargo no esconde
algunas evidencias. Escoger el entorno de la docencia que tras una dilatada
experiencia conoce perfectamente le sirve de coartada y, el hecho de que desmitificar
comporta que existe un mito, el de la figura de los docentes como profesionales
valorados socialmente; son algunas de esas evidencias. Siempre ha habido
profesores faltos de vocación o disidentes de la misma ante la impotencia de
contrarrestar un sistema convertido en enemigo.
Sin necesidad de caer en los tópicos, la profesión docente hoy por hoy
ya ha caído en un progresivo desprestigio en manos de los intereses políticos y
económicos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE). Pero ése sería tema para otro debate muy aburrido. Lo que quiero decir
es que Tiza, de alguna manera también
contiene algo de dignificación de la profesión. Algunos ejemplos podrían ser el
hecho de que la madre del alumno vaya a pedir ayuda al profesor, y no a
cualquier otro elemento, que en la voz del profesor pese la conciencia de un
compromiso que reconoce no estar cumpliendo siempre como es debido, o que el
alumno busque la credibilidad del profesor y a su vez, parte de su culpabilidad
en medio de una estrategia bien urdida entorno a una gran empresa, conseguir
engañar, ahí es nada, a su propio ex profesor.
Por lo tanto, el gran personaje que construye
Eugenio Asensio, el personaje del profesor, se convierte en un antihéroe y ya
sabemos que todo antihéroe goza de ambas caras de la moneda, la del éxito y la
del fracaso. La dignidad de su condición de profesor y el derecho a echarla a
perder en tanto que también es humano e imperfecto. En Tiza, en el fondo nadie quiere salvar a nadie, el profesor, y Héctor;
sólo quieren salvarse a sí mismos.
En cualquier caso, y como ocurre con toda
buena novela, ustedes extraerán sus conclusiones desde el gran placer de su
lectura, y se dejarán llevar por momentos de gran nivel literario. Como los ya
citados, u otros como cuando Héctor describe cómo se siente en la cárcel:
(…) Aquí
dentro el tiempo huele como la ropa de las viejas, huele…
__A
alcanfor –dije yo.
Cuando el profesor, seducido por la imagen de
una compañera de instituto piensa en clave poética y dice:
(…) De aquel
despertar me quedó otro verso que lancé contra la portada de mi “Cancionero
para desengañados”, como se lanza un calcetín al cesto de la ropa sucia. El
verso se doblaba y redoblaba en los atabales de las sienes, y después de haber
impregnado el espacio, todavía quedó su eco repitiéndome algo así como “la
eternidad sueña con días efímeros”.
O como cuando el profesor, advierte de las
consecuencias colaterales que tienen sus palabras para la materia sensible con
la que trabaja; y dice:
No
confundamos vida y literatura, muchachos; esta va en serio.
Y sí, así es, lo dijo con desgarro el propio
Jaime Gil de Biedma, que la vida iba en
serio, una lo empieza a comprender más tarde…
Por eso yo les invito a que no tarden en
comprobar lo muy en serio que va esta primera novela de Eugenio Asensio, lo muy
en serio que auguro, irá la carrera de este buen escritor.
sábado, 9 de agosto de 2014
Reseña de "Las tres caras de la moneda", a cargo del profesor y escritor Eugenio Asensio Solaz
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martes, 20 de mayo de 2014
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