Dialogando en el Café Salambó

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domingo, 27 de enero de 2013

La bibliotecaria de Auschwitz


La bibliotecaria de Auschwitz
ITURBE, Antonio G.
Editorial Planeta
Barcelona 2012
ISBN 978-84-08-00951-1

 

            Dos grandes valores hacen de esta novela una obra de gran mérito y muy recomendable para todo tipo de públicos. Y hablo de mérito literario pero también didáctico e incluso terapéutico.
            El primer valor es el de ser una excelente novela histórica sobre el holocausto nazi. El vergonzoso periodo histórico del holocausto ha sido tan “literaturizado”, tan cinematografiado y referenciado en todo tipo de foros, obras de ensayo, históricas etc. que lo difícil es no caer en aquello del “más de lo mismo” y Antonio G. Iturbe consigue ser mención aparte. Salvando las distancias, desde mi lectura de Sin destino del nobel de literatura, el húngaro Imre Kertész; no había vuelto a leer una visión más objetiva de la vida en los campos de concentración nazis y sobre todo, más alejada del facilón sensacionalismo y la grandilocuencia sensiblera que un tema tan duro sirve en bandeja a la tentación de un mal escritor. Con ese punto también de esperanza e ilusiones, de fe en el ser humano que Roberto Benigni llevaría hasta el humor más tierno en La vida es bella. Cierto es que Antonio G. Iturbe cuenta con la coartada del testimonio real de la protagonista, Edita Adlerova, “Dita”, quien en el momento de escribir estas líneas, hay que decir que sigue viva, en Netanya muy cerca de Praga. Otro mérito de Iturbe como periodista de investigación por cierto: haber llegado hasta la mejor de las fuentes, el testimonio vital de la bibliotecaria de Auschwittz.
            El segundo valor está implícito en la historia misma, lo inspira otro buen libro, de Alberto Manguel, La biblioteca de noche, en el que ya se hace referencia a la existencia de una biblioteca en un campo de concentración. Ese valor es sencillamente el de escribir un homenaje a la literatura, un homenaje a los libros y a la lectura. Y a sus valores terapéuticos, que si los tiene en cualquier época y circunstancia, en el caso de Dita, número 73305, y en el del  resto de niños y adultos del bloque 31 de Auschwitz, les sirviera para seguir soñando, abstraerse de la fantasmagórica realidad que les tocó vivir, y sobrevivir así, con un delgado hilo de fuerzas hasta la liberación por parte de las fuerzas aliadas y concretamente del ejército inglés. Antonio G. Iturbe construye la historia y nos reconstruye esa biblioteca clandestina que Dita guardó, cuidó y utilizó como medicina durante su estancia den Auschwitz. Una biblioteca de quince libros,  desde El maravilloso viaje de Nils Holgerson hasta El conde de Montecristo de Alexandre Dumas, pasando por la Breve historia del mundo de H.G. Wells, Las aventuras del bravo soldado Svejk de Jaroslav Hasek, o La montaña mágica de Thomas Mann. Sin contar otros libros, causa y consecuencia de dicha biblioteca, como el ya citado de Manguel, el célebre Diario de Ana Frank o The painted wall, de otra víctima del holocausto que pudo explicar su testimonio, Ota B. Kraus, el que fuera marido de Dita después de rehacer su vida a partir de la liberación. Una nueva vida que sin embargo ya estuvo dedicada hasta el último día a contar al mundo la vergüenza humana del genocidio judío.
            No puedo dejar de recordar que le debo esta lectura a la generosidad de mi amigo el profesor de lengua y poeta Esteban Martínez, y a sus alumnos, que me regalaron el libro en mi visita a su instituto, el Pau Vila de Sabadell el pasado mes de noviembre. Querría pensar que ellos tendrán un recuerdo de mi visita como autor de mi novela juvenil Simón, no; Saimon, al menos la mitad de entrañable y enriquecedor como el que yo guardo de ellos.
            Y en este juego de felices coincidencias y carambolas literarias, vuelvo al principio, a los valores terapéuticos y a la ausencia de edad para leer La bibliotecaria de Auschwitz. Cuando ese día llegué a casa con el libro le sugerí a mi hija Júlia de quince años, estudiante de 4º de la ESO, que la leyera. La devoró en unos días y gracias a este libro descubrió esta etapa de la historia, aunque ya había leído hace pocos años El niño con el pijama de rayas, de John Boyne. Y días después, vimos juntos la película La decisión de Sophie de Alan J. Pakula, con Meryl Streep, Oscar a la mejor actriz en el 1982, Kevin Klyne y Peter McNicol, una película basada a su vez en la gran novela Sophie’s Choice de William Styron que yo leyera allá por el año 1997 bajo la tutela de un curso de escritura, a cargo del escritor Javier García Sánchez.
            Finalmente vino mi lectura, y ahora esta reseña tan personal, y la magia de la literatura que remueve sentimientos y conciencias, que provoca opiniones y otras lecturas y películas; está servida en este humilde blog.
            Gracias Edita Adlerova, gracias Antonio G. Iturbe.
 
 

viernes, 4 de enero de 2013

Anoche soñé que volvía a Manderley

VELASCO PLAZA, Juan Francisco
Anoche soñé que volvía a Manderley
Colección de poesía "Alamo"
ISBN 84-398-6947-9
Salamanca, 1986


Triste sesión continua de primeros domingos. Rosa

El deseo en los cines y                            
en las medias de seda.                           
Pere Gimferrer   

Las alas del corazón                                  
como telas de gasa    
en el fondo de un armario.   
Robert Guiette                                                      


Todas las tardes noche
donde la mano rozaba
muslos primitivos de encaje añil
allí emergían
flor y músicas lavanda. Tiritas
no sabes por qué
reparten los dedos timbres
nieves
y en cambio Júpiter, Plutón
su-ave peluche cede
última noche
y el ticket doblado que Hoy
guardo con ojos rojos
en la caja de la Habana
-- vi no un barco --
-- de nombre extranjero --
juntó al perlé calcopirita, es-pliego...
pliego cartas, las destruyo, cierro
y Lloro.

Pinocho trova a Sherezade y se declara

(...) y los ojos ardiendo como faros.
El cine de los sábados. M. Sarrion


Ofréndame danzante y mirra
goza la frente de rosa hecha
para ti, esfera de senos abarcables.
Lluvia en yema atravesada que explota
y dime el palio verbal del fuego
        amenazado
siete velos, siete arcángeles del mar
                                  para mis ojos
        de madera.

Identidad 5

ARA MATEIX

Com en qualsevol relació amorosa, de tant en tant ens oblidem de dir: t'estimo... I cal recordar-ho sovint i no deixar de dir-li al teu amor que l'estimes. Com jo, avui, al meu petit pais, amb aquest excel·lent poema del gran Miquel Martí i Pol.
Orgullós de tot plegat i amb la convicció que quatre polítics mediocres mai no podran malmetre el meu orgull, tan sòlid i ben fonamentat.

 
Ara mateix enfilo aquesta agulla
amb el fil d'un propòsit que no dic
i em poso a apedaçar. Cap dels prodigis
que anunciaven taumaturgs insignes
no s'ha complert, i els anys passen de pressa.
De res a poc, i sempre amb vent de cara,
quin llarg camí d'angoixa i de silencis.
I som on som; més val saber-ho i dir-ho
i assentar els peus en terra i proclamar-nos
hereus d'un temps de dubtes i renúncies
en què els sorolls ofeguen les paraules
i amb molts miralls mig estrafem la vida.
De res no ens val l'enyor o la complanta,
ni el toc de displicent malenconia
que ens posem per jersei o per corbata
quan sortim al carrer. Tenim a penes
el que tenim i prou: l'espai d'història
concreta que ens pertoca, i un minúscul
territori per viure-la. Posem-nos
dempeus altra vegada i que se senti
la veu de tots solemnement i clara.
Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Las luces nómadas, de Esteban Martínez

 
Las luces nómadas
MARTINEZ SERRA, Esteban
Madrid, Bartleby Editores, 2010
Prólogo de Jenaro Talens
ISBN 978-84-92799-24-4

 

Lo digo en mi perfil. Que de joven quise ser poeta, pero que tuve que conformarme con ser un cuentista. Quizás por eso también me gusta tanto esa frase del escritor inglés D.H.Lawrence, de joven yo también quise ser un genio, pero afortunadamente intervino la risa…  Porque ilustra en parte lo que pienso al respecto. Que la poesía es la esencia de la literatura y del alma humana, y que la poesía debe ser triste, debe llorar, aunque a veces reírse también, de la tristeza. El narrador de un personaje de un cuento mío también lo dice y lo ilustra, y explica que el personaje en cuestión quería ser poeta pero que tras muchos intentos, siempre terminaba con las cuartillas en blanco entre las manos, e inundadas de lágrimas.
            Pero llegado a este punto, que sirve de introducción personal para explicar mi respeto por la poesía, tengo que añadir el por qué de Esteban Martínez, el por qué lo traigo a este rincón de mi blog.
            Me había pasado algunas veces con algún poeta, que de repente bastara un solo poema, un solo verso incluso, para cautivarme y rendirme a su lectura para siempre. Juan Gelman, Ramón Irigoyen, Ángel González… son tres ejemplos escogidos. Y una tarde de hace unos ocho años creo, me ocurrió también con Esteban Martínez. Yo antes nunca lo había leído cuando me invitó a la presentación de un número de la revista de poesía Papers de Versàlia. La presentación tuvo lugar en un patio interior muy bonito, luego debía ser verano, del l’Alliance Française de Sabadell. Leyeron poemas sus colegas de la revista, a algunos de los cuales también conozco, y la lectura iba acompañada si no recuerdo mal, por las melodías de una arpista. Y al tocarle el turno a Esteban, ahí estuvieron esos versos, Quiso ser escritor. Lo fue, sin duda. Su mano está en mi mano… y al final ese poema Máquina de escribir, con el que me ganó para siempre como lector.
            El libro del que hago mención aquí, Las luces nómadas, está dividido en tres partes, Fluorescencias, centrada en la figura del padre, Claroscuros, centrada en la figura de la madre y de la enfermedad que la destruye, y Fulguraciones, rendida definitivamente a la muerte y su aceptación. De cada una de ellas, destaco un poema, y los acompaño de un pequeño comentario y lectura absolutamente personal, que es como creo que uno debe hablar de poesía, sobre todo si no se está contaminado por la condición del cítrico o de la fría intelectualidad de cartón piedra.
FLUORESCENCIAS:

Máquina de escribir
La Olivetti con la que escribía mi padre
-una Olivetti pluma 200-
fue siempre un objeto apátrida,
llevada y traída del ropero de la entrada
a la mesa del comedor, desubicada.
Su tecleo insistente era el diapasón
de una esperanza, el pulso de un secreto.
En las fatigosas tardes de domingo
la lenta mediocridad de las horas familiares
caía, abatida, bajo sus ráfagas.
            Quiso ser escritor.
Lo fue, sin duda. Su mano está en mi mano
y escribo haciendo uso de su único legado:
El silencio. Las palabras. Su secreto.
 

            Al escuchar por primera vez este poema, y leerlo posteriormente, me vi a mí mismo en dos direcciones y en dos etapas vitales distintas. En primer lugar me vi en mi condición de huérfano recordando a mi padre, y en segundo lugar, me imaginé a mis hijos recordándome ya difunto.
            Mi padre también tenía una máquina, en su caso no de escribir, sino de cortar madera, una sierra circular, entre otras muchas máquinas. Pero esa tenía una música especial. Su estruendo lastimero y monocorde templaba de paz las tardes de invierno cuando siendo niño volvía del colegio y pasaba delante de su ebanistería. Y él también quiso ser ebanista y lo fue. Un artista cuyas manos eran capaces de crear un butacón isabelino, en el que ahora estoy sentado, por ejemplo, o un secreter barroco Luis XV como el que preside mi estudio.
            Con esas manos que son calcadas a las mías y que veo a menudo cuando tecleo mi ordenador. Esas manos que son en parte uno de mis factores literarios. Él también quiso que yo tuviera una máquina y la tuve, de escribir, una Olivetti, en este caso una Lettera 32. Con esa máquina escribí desde niño tantas historias y trabajos escolares, tantas cuitas de adolescente después hasta guardarla en un altillo del recuerdo. Con esa máquina yo también quise ser escritor.
            Y ahora que lo soy, imagino, con el honor y la vanidad más humana y desesperada posibles, que mis hijos me recuerden así, cada uno a su manera, como Esteban y yo recordamos a nuestros padres, con agradecimiento e infinito amor. Mis hijos, que también me han visto muchas veces teclear insistentemente tantas tardes de domingo.
      
CLAROSCUROS:

Pinzas
Ordenas compulsivamente las pinzas de la ropa
sobre la mesa de la terraza.
Tus ojos –en estos últimos años-
han ido desalojando distancias,
borrando perspectivas, retrayéndose.
Un aire de senectud entró en ellos
y lo dejó todo patas arriba.
Y estás sola para poner orden en la memoria,
pero te evita el ánimo, y quizá no valga la pena.
No encuentras los recuerdos, ni los nombres.
De ti sabes lo justo: que no has muerto.
¿Por dónde empezar después de la catástrofe?
Mejor ordenar las pinzas de colores sobre la mesa.

             Este poema me inspira la compasión, ese sentimiento que no es otra cosa que el más puro egoísmo al imaginarnos víctimas de la misma tragedia que afecta al individuo objeto de dicha compasión. El Alzheimer es una de las enfermedades más crueles que se pueden padecer. Aunque quizá la padezcan más los que rodean a la víctima del deterioro mental que el propio enfermo. En un relato mío, Oscuridad, que deberá aparecer en mi próximo libro, Las tres caras de la moneda, aventuro esa teoría balsámica y en parte también interesada y egoísta, que la anciana que padece el Alzheimer es feliz, muy feliz, mientras se pierde en el limbo de su memoria aparentemente olvidada.
            Las imágenes del poema de Esteban, Tus ojos (…) han ido desalojando distancias, (…) No encuentras los recuerdos, (…) De ti sabes lo justo: que no has muerto, son de una evocación brutal, de una fuerza rotunda, como esa pedrada en la sien…que dice Ramón Irigoyen que debe ser el Ars poética.
            Y la imagen de la anciana madre, ordenando pinzas de la ropa de colores sobre una mesa, de una ternura que acongoja.

 FULGURACIONES:

Legado

La posteridad está siempre en obras:
cerrada por inacabables reformas
o por liquidación de existencias

o cambio de orientación del negocio.
Por eso resulta mejor no dejar nada,

que nada se extravíe entre el desorden.

             Al leer este poema, ipso facto vinieron a mi mente el recuerdo de esos otros versos del gran Ángel González, y te llaman porvenir, porque no vienes nunca…  Acaso lo ilustran, o lo resumen, o ambos versos, los de Ángel, los de Esteban, son tan precisos y tan mismos, que se confunden.
            Gracias Esteban, por tu poesía y por el alma esa que paseas por el mundo.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Encuentros con jóvenes lectores. Barcelona, Sabadell y Getafe.


Una experiencia nueva con el mismo material sensible con el que uno lleva tantos años trabajando, también como padre.
La curiosidad ilimitada, como la vida por delante, que también parece un sinfín de oportunidades. La alegría y la desfachatez de la edad, con los ojos abiertos como platos, para preguntarse por el mundo, para reírse de él si cabe, para haber entendido el mensaje de Saimon, sin necesidad de tanto empeño mío y tantos ambages. Y la chica que quiere que le firme en el brazo como si uno fuera una estrella del rock. Sí, ya lo sé, se estaba quedando conmigo.Y el joven venido de latinoamerica que quiere llegar aún más lejos, y trascendernos. La chica que quiere la firma para su madre. La otra, casi de cristal, que hace un gran esfuerzo para preguntarme qué debe hacer para ser escritora. El que busca su lugar entre la masa y lo encuentra ese día presidiendo conmigo el escenario.
Unos 300 chicos en diferentes días pero una sola alma: la de un Saimon que se conformaría con que al menos a alguno de ellos, conocerlo, le sirva de algo.
 

sábado, 20 de octubre de 2012

España, de Manuel Vilas.

 
España    
Manuel Vilas
Colección
los Cinco Elementos nº 52
DVD Ediciones.
Barcelona 2008
240 páginas
ISBN 9788496238718
    
 
 
España, de Manuel Vilas, es un libro que quería leer hacía algunos años, concretamente desde el 2008 cuando se editó y que hasta ahora, ha estado en ese mítico estante de libros pendientes de leer que todos tenemos. Algunos, acaban cayéndose al vacío fruto de la ignorancia o del olvido, o de ambas cosas. Otros, como éste, sin embargo son indultados por el efecto resucitador de nuestra lectura, ya sea por pura casualidad o por la causalidad, más pura aún, o por ambas cosas. Yo empecé a leer a Vilas con Zeta, editado también por DVD Ediciones, y me cautivó. Seguí, no hace mucho, con Aire nuestro, Alfaguara 2009, y me cautivó y me desconcertó. Después, este verano, había empezado con Los inmortales, Alfaguara 2012, y cuando llevaba, quizás cincuenta páginas y empezaba a volverme loco, o precisamente por eso, la lectura quedó interrumpida por un accidente inaudito en mi; me dejé el libro en el asiento del AVE.
             España, como Zeta, es un libro de relatos que conforman una novela, o una novela compuesta de diferentes relatos con un objetivo común, en Zeta quizás era convertir a Zaragoza en un universo y en un personaje propio y aquí, en España, cargarse, a la vez que reinventarse la idea de este país entrañable, convulso, mal avenido, un país que a lo mejor necesita desmoronarse como un polvorón sin apretar en la palma de la mano, para volver a ser algo que valga la pena en libertad.
            Pero a mí me gustaría hablar del libro, de su condición literaria y como otros ya lo han hecho muy bien, yo no sé cómo hacerlo. No es fácil hablar de un libro de Manuel Vilas. Ahora mismo solo se me ocurre una manera y es la siguiente.
            Como el propio Vilas dice, hay que arriesgarse, irse a los extremos. Pues ahí van los dos extremos. Porque habrá lectores, críticos y lectores críticos que dirán que España es una gamberrada, un libro desconcertante y desordenado, un fuego de artificios o un festival de fuegos artificiales, una tomadura de pelo, a mí déjame de historias, hay cosas de este libro que no hay quien las entienda…
            Y luego están los que pensarán que España es el molde de la nueva forma híbrida de escribir, moderna, post moderna y ultra moderna sin renunciar al cuidado de un lenguaje elaborado, connotativo y sugerente, directo y sin artificios. Los que pensarán que España representa un estilo propio y original sin iguales en nuestros tiempos, un universo e imaginario crítico y preclaro, la literatura del futuro.
            Y yo me voy a quedar callado porque lo único que quiero es seguir leyendo a Manuel Vilas y abandonar así mi cerebro, al más absoluto placer. ¿Hay mejor elogio que entregarte definitivamente a la lectura de un escritor, y no saber con precisión todos los por qué, ni saber además la poca falta que hace?
            Por otra parte, debo decir que esta lectura también quiere ser un homenaje al gran editor, Sergio Gaspar, ése que ha cerrado su editorial DVD ahogado, engullido por las fauces del monstruo del sector. Ése que fue, creo, el primer editor de Vilas, ése que en una conversación de café de apenas media hora, me enseñó algunos flashes de su lucidez literaria. Ése editor que, a menos que como los toreros, vuelva alguna vez a los ruedos, y tengamos una buena suerte otra tarde a las cinco, ya nunca será mi editor.

viernes, 19 de octubre de 2012

Presentació Saimon a TV La Palma


Presentació de la novel·la Simon, no; Saimon al teatre de l'Aliança Palmarenca de la Palma.
Dijous 4 d'octubre del 2012. TV La Palma