Besos a la luz de la lona (Historias de
boxeo)
Varios autores
Prólogo de Quique Peinado
Edición de Enrique Turpin
Texto preliminar de Eduardo Arroyo
Madrid, 1ª edición, abril de 2016
Editorial Demipage
ISBN: 978-84-944472-5-9
Si la
literatura y el boxeo se alimentan de la épica de la existencia y ambos de la
cara amarga del azar, de la sordidez como una oportunidad para el éxito, si
como recuerdo haber oído en una clase de literatura de mi tierna adolescencia,
la vida de color de rosa no tiene literatura; literatura y boxeo comparten el
sentido trágico de la palabra convertida en placer, y por lo tanto,
irremediablemente, son cómplices.
Lo
insinúa infinitamente mejor Gonzalo Suárez en uno de sus textos que incluye
este libro:
El arte es un largo combate, perdido de
antemano,
Con las sombras.
Eso es cosa sabida.
Porque el boxeador combatía con su sombra,
era un artista. (…)
Me
atrevo a afirmar que esto es lo que motivó a algunos escritores a perder su
mirada en algún momento sobre el boxeo, obviamente al margen de lo que pudieran
pensar aquellos blandengues que creen que hay temas que no merecen la
sacrosanta consideración de literarios, y lo que ha motivado a los Peinado y
Turpin a editar estos Besos a la luz de
la lona, un libro cuyo título ya
es por sí solo, una obra de arte.
En mi
caso, diría que no por blandengue, aún no me he atrevido a escribir sobre
boxeo, a pesar de haber disfrutado de los combates de Muhammad Ali contra Joe
Frazier o George Foreman, o contra Alfredo Evangelista y más cerca, aunque
también lejanos y perdidos en la infancia, de los combates de Urtain, Perico
Fernández o de Policarpo Díaz, el “Potro de Vallecas”.
En
cualquier caso, esto más que una reseña solo quiere ser una nota bibliográfica
de un libro, a mi modo de ver, necesario. Necesario para los que como yo apenas
habíamos leído buena literatura sobre boxeo, en mi caso y hace ya unos años, el
relato largo Young Sánchez de Ignacio
Aldecoa.
El
libro es una excelente antología de textos sobre boxeo, y lo es obviamente por
la calidad de la selección. Siempre habrá alguien más entendido en esta
literatura del ring, que pudiera echar de menos a Hemingway, o Cortázar por
ejemplo, pero es evidente que los que están, pegan bien, muy bien, hasta
dejarte aturdido de placer lector, algunos, directamente por knockout.
Los autores convocados son Onetti, Aldecoa (en dos
ocasiones), Ana María Shua, Juan Villoro (en dos ocasiones), Piglia, Halfon,
Fontanarrosa (en dos ocasiones), Pedro Juan Gutiérrez, Liliana Heker, Abelardo
Castillo, Armando López Salinas, Ray Loriga, Antonio Martínez Menchén,
Francisco Ayala, Gonzalo Suárez, Fernando León de Aranoa o Eduardo Berti.
Y el planteamiento es tan original como apropiado al
contexto que nos ocupa ya que los relatos se agrupan de dos en dos, peleándose cada autor por algunas de las categorías
clásicas del boxeo (pesado, semipesado, pluma, crucero, mosca, etc.). Cada
combate viene a ser un asalto de la antología, y cada uno de ellos, según la
extensión o la intencionalidad del texto les confiere cierta igualdad de
condiciones a los autores combatientes.
Pero quien debe alzar el puño del púgil escritor, como
vencedor de cada contienda debe ser quien lee. Así lo voy a hacer yo siguiendo
la propuesta de este libro magnífico. Y así, aunque hablar de literatura de
boxeo es hablar sobre la literatura del fracaso, y apenas hay algún autor que
se recree en el éxito; todos ganamos, hay un vencedor seguro por cada lector.
Me dejo fuera de valoración dos capítulos-asaltos,
Crónicas I, con textos de Manuel Alcántara y Eduardo Arroyo y Crónicas II, con
textos de Joan de Segarra y de Jacinto Antón, y un capítulo más, Fuera de
programa, de Jack London; que confieren al conjunto la sensación de velada
pugilística completa, con un enfoque colateral más ensayístico que literario.
En el boxeo, como escribe Eduardo Arroyo en el texto
introductorio La previa, (…) incluso si
se gana, se pierde. Añadiría yo que es lo mismo que ocurre en la
literatura, desde la posición del lector, y especialmente en la de autor en la
que se lucha contra uno mismo, y con tu sombra, a la que no siempre somos
capaces de vencer.
Les
invito a ponerse el calzón, a vendarse las manos y ajustarse los guantes, a
preparar el taburete, el cubo y la esponja; para que me acompañen en este
combate de combates. Si son buenos púgiles y no le pierden nunca la mirada al
texto no recibirán otro impacto que el del placer de salir vencedores, a
hombros de la lectura.
Ahí van mis combates.
A un
lado, Juan Carlos Onetti, uruguayo blanco de origen irlandés, fallecido en 1994
con un palmarés de los cinturones del Nacional de literatura y el Cervantes
entre otros, defiende este título con Jacob
y el otro.
Al otro lado, Ignacio Aldecoa,
español de Vitoria, fallecido en 1969, cinturón Premio Planeta, defiende este título
con Young Sánchez.
Vence
Ignacio Aldecoa a los puntos después de quince asaltos.
A un lado Ana María Shua,
blanca, bonaerense nacida en 1961 y con un palmarés del Premio Nacional de
cuentos y relatos entre otros, defiende el título con La revancha.

Vence
Villoro por knockout en el décimo asalto.
A un
lado Ricardo Piglia, blanco, natural de Adrogué, provincia de Buenos Aires,
nacido en 1941 y con un palmarés del Rómulo Gallegos y el José Donoso entre
otros, defiende este título con El Laucha
Benítez cantaba boleros.
Al
otro lado, Eduardo Halfon, blanco natural de Guatemala, nacido en 1971, con un
palmarés del Café Bretón y El José Mª Pereda de Novela corta, defiende este
combate con el título El boxeador polaco.
No hay
vencedor, el combate resulta nulo por empate técnico.
A un
lado Roberto Fontanarrosa, blanco rosarino fallecido en 2007, fondón, barbudo y
futbolero, con un palmarés in extremis de una Mención de Honor del Senado de la
Nación en 2006, defiende este combate con el título Regreso al cuadrilátero.
Al
otro lado, Pedro Juan Gutiérrez, cubano blanco de Matanzas, nacido en 1950, con
un palmarés del Alfonso García-Ramos de Novela y el Premio de Narrativa Sur del
Mundo, defiende este combate con el título El
Boxeador.
Vence
Fontanarrosa por knockout en el tercer
asalto.
A un
lado Liliana Heker, blanca bonaerense nacida en 1943, Mención de Honor Premio
Casa de las Américas, diploma de Honor y Premio Konex en diferentes
convocatorias, defiende este combate con el relato Los que vieron la zarza.
Al otro lado, vuelve a combatir desde las alturas, el
rosarino Roberto Fontanarrosa, campeón del peso mediano, esta vez opta a esta
nueva categoría con el relato Semblanzas
deportivas.
Vence Fontanarrosa por knockout fulminante en el segundo
asalto.
A un
lado Abelardo Castiilo, blanco de la ciudad costera de San Pedro, provincia de
Buenos Aires, nacido en 1935, con un Konex y un Nacional de Literatura como
palmarés, defiende este combate con el título Negro Ortega.

Vence López Salinas a los puntos en un duro combate de doce asaltos.
A un lado Ray Loriga, blanco
español de Madrid, nacido en 1967, escritor, guionista y director de cine,
tatuado y representante del realismo sucio español, con un palmarés del Premio
San Pancracio, el Lateral de Narrativa y el Tähtivaeltaja Award, defiende esta
lid con el relato La muerte del hermano.
Al otro lado, el veterano
Antonio Martínez Menchén, blanco, nacido en Linares, Jaen, en 1930 aunque
afincado en Madrid desde finales de los cincuenta. Colchonero, funcionario, y
padre de poeta. Con un palmarés menor del merecido por su firme y larga trayectoria,
defiende este combate con el relato Torito.
Vence Loriga a los puntos en
un combate de quince asaltos.

Al otro lado el asturiano
blanco y fortachón Gonzalo Suárez, nacido en Oviedo en 1934, director de cine,
guionista, actor y escritor además de futbolero y raro. Seduce, y muy bien a la
literatura a pesar de lo cual su palmarés es casi en exclusiva cinematográfico,
con premios como el Nacional de Cinematografía, la Medalla de Oro de las Bellas
Artes, Caballero de las Artes y las Letras (Francia), Concha de Plata en San
Sebastián y un puñado más; defiende este duro combate con el relato Paso atrás.
Vence Suárez por abandono de
Ayala en el décimo asalto.
A un lado, repite combate el
mejicano Juan Villoro, campeón del peso crucero, esta vez defiende esta otra categoría
con el relato Un disparo.
Al otro lado se estrena y
debuta Fernando León de Aranoa. Blanco larguirucho, barbudo y melenudo nacido
en Madrid en 1968. Director de cine y guionista, su palmarés se ciñe al ámbito
cinematográfico con una Concha de Oro en San Sebastián, cinco premios Goya y un
Premio Ariel, defiende este difícil combate con el brevísimo relato Oración del boxeador.
Vence Villoro a los puntos en
diez asaltos.
A un lado, Eduardo Berti,
enésimo bonaerense, blanco, nacido en 1964, hijo de rumano emigrado a Argentina
durante la Segunda Guerra Mundial, escritor y periodista, con un palmarés
prometedor de finalistas, como el Fémina o el Herralde, defiende este combate
con el relato híper breve de siete líneas Caso
del boxeador.
Al otro lado vuelve a la lona
el gran Ignacio Aldecoa, campeón del peso pesado con Young Sánchez, compite esta vez y de nuevo desde el más allá por la
diametralmente opuesta categoría del peso paja, con el relato híper breve de
dieciséis líneas titulado Neutral Córner.
No hay vencedor, el combate resulta nulo por empate técnico.