Dialogando en el Café Salambó

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viernes, 4 de enero de 2019

"Paisajes después de la batalla" de Juan Goytisolo


Paisajes después de la batalla
Juan Goytisolo
Barcelona, 1ª edición de enero de 2013
Círculo de Lectores S.A.
Editorial Galaxia Gutenberg S.L.
ISBN: 978-84-15472-81-0


No voy a ser yo quien le discuta al genio si este libro es o no una novela. Así lo afirmó el. Yo nunca lo hubiera dicho a bote pronto, porque la estructura y las apariencias engañan pero seguramente es irrelevante lo que sea, y seguro que lo es lo que a mi me parezca. Paisajes después de la batalla, escrito originalmente en 1982 es una novela desde el momento en que contiene un argumento. El protagonista, quien comparte a pies juntillas la ideología de su autor, ¿o es al revés?: (…) al final, ya no sabe si es el remoto individuo que usurpa su nombre o ese Goytisolo lo está creando a el, dice en el capítulo Su vida es sueño; denuncia el genocidio del ficticio pueblo Oteka y lucha contra las fuerzas que lo llevaron a cabo. Y lo hace en nombre propio y del Movimiento de Liberación del pueblo oteka. El momento actual es propicio, porque al parecer, se han girado las tornas y ahora, algunos barrios de las grandes ciudades europeas, ocupadas por el África negra y por el mundo árabe tanto física como lingüísticamente, favorecen la rebelión. Algo así empieza anunciando desde el primer texto-capítulo-fragmento titulado Hecatombe, y luego en otros muchos como Síntomas de pánico.
Pero no hallará el lector mejor justificación al asunto que las tres últimas líneas de uno de los capítulos titulado Lo dijo ya Platón: (…) Escribe cuanto sepas y, si no sabes nada, inventa. Recuérdalo: un buen relato ficticio vale por cien verdades si respeta mejor que ellas las leyes de la verosimilitud.
En cualquier caso es un libro magistral de 175 páginas, un fogonazo de lucidez inaudita dividido en 80 momentos que son 80 miradas sobre el mundo que rodea al personaje, trasunto de Juan Goytisolo, desde el barrio parisino de el Sentier. El autor conoce muy bien este escenario y su evolución pues como es sabido, allí se instaló en 1956, en la Rue Poissonière, como en Paisajes…, allí empezó a trabajar en la mítica editorial Gallimard y también allí conoció a su esposa, Monique Lange. Allí se dará cuenta el protagonista de que no entiende ninguno de los rótulos que pueblan el barrio porque no estaban escritos en francés. No en vano en el Sentier, a los franceses de procedencia judía supervivientes del holocausto nazi, que parecer ser el único, se fueron sumando africanos, árabes, turcos, paquistaníes o hindúes y esto lo explica todo, la complejidad de las sociedades modernas, las guerras de la emigración, la proliferación de la extrema derecha, primero con grupos terroristas como el de Charles Martel y ahora ya con una importante presencia política parlamentaria ante el democrático miedo occidental a ser expulsados de su paraíso.

Paisajes después de la batalla es en definitiva una alegato a favor de la alteridad y de la idea del homo viator, del mestizaje étnico y cultural. A favor de esta idea tan maravillosa y tan necesaria que Juan Goytisolo dejó dicha o escrita por ahí, en medio de su prolija obra: El hombre no es un árbol, carece de raíces, tiene pies, camina. Desde los tiempos del homo erectus circula en busca de pastos. Una idea de la historia de la antropología tan básica como olvidada.
Desde este complejo caldo de cultivo Juan Goytisolo se carga, de forma contundente pero siempre irónica e incluso con humor a menudo, las ideologías totalitarias y excluyentes, los nacionalismos cualesquiera que sean, en Nuevas aventuras, El síndrome total o Del burgo a la medina, y por lo tanto arremete contra los fanatismos, en Manifiesto, la justicia vendida al poder, el capitalismo caníbal, o el racismo congénito de las sociedades occidentales y de las fuerzas de seguridad en ¡Atención morenos!. Denuncia también la pasividad de los ricos con respecto a evidencias como el cambio climático, o la obesidad como consecuencia del progreso capitalista desmedido. Porque si soy rico, carpe diem, desde las alturas de mi mansión de lujo que es una isla aún protegida, no me afectan estas cosas de pobres… así que a ellos y al futuro, que les den… Lo ilustra perfectamente el capítulo Consoliden su futuro, en el que con un nuevo ejemplo magistral de ironía da consejos a los ricos para la salvación del mundo a través de su propia y cara salvación. ¿Cómo? Construyéndose refugios antiatómicos… 
Muy al contrario precisamente, hará una defensa del mestizaje, con una finísima y divertida ironía contra la pureza racial y étnica en Las lágrimas de Polonia: (…) por la emergencia (…) de brechas y fragmentos de Tremecén y Dakar, El Cairo y Karachi, Bamako y Calcuta; por un Berlín-Kreuzberg que ya es un Estambul del Spree y una Nueva York colonizada por boricuas y jamaiquinos; por un futuro Moscú de uzbecos y chinos y una Barcelona de tagalos y negros, capaces de recitar de memoria, con inefable acento, la Oda patriótica de Maragall.
Una defensa también y un respeto absoluto y por igual a todas las lenguas y culturas, sin excepción. Y por la misma razón, en el fragmento Paisajes después de la batalla que da título al conjunto, con gran ironía se ríe de la importancia y supremacía de las lenguas: (…) Observarás que algunos comunican entre sí con ademanes y gestos en su alfabeto próximo al de los sordomudos; otros, se sirven de esa especie de taquigrafía sonora, hecha de breves o largas modulaciones agudas, que los indígenas guanches usaban quizá desde antes de la llegada de los conquistadores y que, a fin de liquidar de una vez para siempre las viejas y absurdas querellas lingüísticas de tus compatriotas, debería ser proclamada solemnemente el idioma oficial de la fatídica e incorregible Península: el silbo gomero.
Y desde este Palimpsesto urbano, así titula a otro de los 80 fragmentos, va dando cuenta de cada una de las mil hojas que componen este pastel como una orgía de sensaciones superpuestas una a una, sumando, enriqueciendo la vida imparable. En Llamamiento a la opinión hará un elogio a la diferencia en todos los ámbitos de la vida, el respeto a la diversidad que reclama para su barrio del Sentier, en una carta dirigida al director de un periódico: (…) Yo, señor director, reclamo el derecho inalienable a la diferencia: la posibilidad de vivir plenamente, a la luz del día, mis sentimientos y mis afectos más profundos e íntimos, por mucho que ello pueda chocar a los espíritus mezquinos y timoratos; de disfrutar sin ninguna clase de represiones ni complejos de una forma heterodoxa, pero enriquecedora, de sexualidad. En El templo de las musas, pone de relieve la socialización de la creatividad poética en los excusados públicos, que le servirá incluso de inspiración al protagonista amanuense cuando siente el bloqueo creativo, y allí, en una de esas paredes públicas, refugiado en el anonimato reproduce su Manifiesto: Después de varios siglos de cómplice y cobarde silencio sobre el genocidio del pueblo oteka, exterminado por las hordas tártaras, con la connivencia del Celeste Imperio y otras potencias asiáticas, hemos decidido pasar a la acción… He aquí la línea argumental.


En definitiva, se hará eco de la riqueza para unos, del miedo, para otros, que provoca este lugar, ejemplo del mundo que nos está tocando vivir. Así, en Espacio en movimiento, ironiza diciendo que ya no hace falta viajar porque lo exótico ha invadido el barrio: (…) Nuestro excéntrico personaje ha advertido que no es necesario coger el avión de Estambul o Marraquech en busca de exotismo: basta con salir a estirar las piernas para topar inevitablemente con él.
Y en Intermezzo televisivo pone en boca de los residentes tradicionales del Sentier lo que muchos temen, lo que muchos piensan y lo que algunos políticos, de repente han encontrado como gallina de los huevos de oro para darle la macabra vuelta a la historia, que pronto seremos nosotros, o ellos, los extraños…: (…) los aborígenes, se sienten cada día un poco más perdidos y extraños en la vasta e incontenible marea. Pronto seremos nosotros los extranjeros, repite uno de los bebedores de calvados acodados en el cinc: al paso que vamos, acabarán por hacerse los amos y echarnos fuera.
Quiero terminar esta lectura, seguramente muy parcial ante la magnitud de reflexiones que propone siempre una obra de Juan Goytisolo, y esta, especialmente, con la cita que el mismo propone en la primera página. Una cita que en realidad, no deja de ser un mensaje, un nuevo paisaje después de la batalla vivida por el hombre contra el hombre distinto, una invitación a la duda para entender mejor las cosas. Y es muy sintomático que sea de una obra de Flaubert en la que se aborda la transposición de evidencias universales:
Ils mettaient en doute la probité des hommes, la chasteté des femmes, l’intelligence du governement, le bon sens du peuple, enfin sapaient les bases.
(Cuestionaron la probidad de los hombres, la castidad de las mujeres, la inteligencia del gobierno, el buen sentido de la gente y, finalmente, las bases)
Gustave Flaubert, Bouvard et Pécuchet