Dialogando en el Café Salambó

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domingo, 20 de mayo de 2012

Leer a Antonio Orejudo

Debe hacer unos diez años que un amigo mío y gran escritor me decía algo así como: tienes que leer a Antonio Orejudo, es de lo mejor que se puede leer hoy día en este país… No me molestó el imperativo de la frase viniendo de quien venía y coloqué la sugerencia en esa sufrida estantería de lecturas pendientes. Desde entonces, seguían sumándose incondicionales de mi fiar al Orejudo de las narices y por fin me puse, primero con el último, Un momento de descanso, y después con su primera novela, XX Premio Tigre Juan en 1997, Fabulosas narraciones por historias.
A mí, que me cuesta caer en el elogio fácil, o en el fetichismo o la idolatría obligada, Antonio Orejudo ya me parece un monstruo. Un monstruo que ha sido capaz de subir el listón, cuya altura ya me parecía insuperable, de lo que es una obra magistral. ¿Cómo explicarlo? Pues hasta para explicarlo habría que estar a la altura.
Orejudo es capaz de combinar en perfecta armonía la irreverencia con el respeto hacia tópicos y verdades aceptadas universalmente sobre la literatura. Y a mi modesto juicio, acierta en su selección de flores y mamporros.
Su prosa también es armónica desde el principio hasta el final, conjuga perfectamente la brillantez más absoluta en el lenguaje, con el estilo directo, sencillo, sin impostura alguna, como para desengrasar el nivel de intelectualidad que contiene su discurso sin parecerlo. La ironía y la seriedad se dan la mano sin esfuerzo, sin que se note.
Un momento de descanso es una divertida, más aún, hilarante aventura, sobre el desmoronamiento de lo intelectual, una crítica y ácida denuncia sobre la corrupción de la institución universitaria.
Fabulosas narraciones por historias comparte los adjetivos calificativos de la anterior, esta vez en una historia sobre la pérdida de la amistad debido a la vanidad y a la competitividad intelectual de sus protagonistas, Santos, Martiniano, sobrino de Azorín, y Patricio. Los protagonistas, son miembros de la Residencia de Estudiantes durante los años veinte. Las fabulosas narraciones no son otra cosa que un repertorio de peripecias y gamberradas donde la irreverencia, la ironía más disparatada, el erotismo y una pornografía provinciana e ingenua juegan su papel de desmitificadoras de la generación literaria del 27 y de sus protagonistas más célebres como Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, José Moreno Villa o Lorca. La República termina por separar a esos amigos, sin que ninguno de ellos fuera capaz de impedir que la generación literaria más cacareada de nuestra historia triunfase, con ellos, por supuesto, fuera de la gloria.
Como yo, que tampoco voy a estar a la gloriosa altura de la prosa de Orejudo con estas líneas. Pero eso ya lo sabía desde el principio, así que déjenme que disfrute en el intento y con el factor gamberro. Estoy seguro de que Antonio Orejudo escribe así de bien por dos razones que son una al mismo tiempo. De pequeñín y adolescente no salía de casa, se pasaba las horas leyendo y escribiendo mientras sus compañeros de generación jugábamos al fútbol en la calle. La razón era bien sencilla, los chicos se mofaban constantemente de su apellido y de sus orejas, que para colmo del destino hacían honor a su accidentado apellido. Venga a leer y a escribir sin parar hasta llegar aquí.
Y claro, tanto va el cántaro a la fuente que al final va Orejudo y rompe el molde.
 

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