Dialogando en el Café Salambó

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domingo, 14 de mayo de 2017

Manual de autoayuda. Relatos. Carmona del Barco



Manual de autoayuda
Miguel Ángel Carmona del Barco
Madrid, 1ª edición de 2016
Colección Púrpura
Editorial Salto de Página S.L.

ISBN: 978-84-16148-40-0

No conocía a Miguel Ángel Carmona del Barco y aunque aún no lo conozca, ahora, después de leer su Manual de autoayuda sé bastante más de él de lo que sabía antes. Esto, que podría resultar evidente, no lo es tanto. Porque este primer libro de relatos del joven autor extremeño (Badajoz, 1979) es sobre todo un libro valiente. Esta ha sido mi primera impresión al terminarlo, que la pluma de Carmona del Barco es atrevida, directa, de una suavidad traicionera y afilada como una cuchilla de afeitar. Si no vas con cuidado, te cortas, y sangras.
            La editorial Salto de Página, a través del autor tuvieron la gentileza de enviarme un ejemplar hace unos meses como una invitación a la lectura y la posterior reflexión escrita, llámese reseña, crítica o sencillamente impresiones de un lector, que es ante todo lo mejor que aspiro a ser. Les dije que si el libro me gustaba así lo haría. Y si no, pero esto no lo dije, pasaría a ocupar un olvidado centímetro escaso más de mi librería. Estoy seguro que Miguel Ángel entenderá este grado de sinceridad porque sabe muy bien que a veces, incluso la verdad forma parte del argumento. Y la verdad es que cuando le tocó el turno de lectura a su libro, por el no siempre estricto orden de llegada en la famélica estantería de lecturas pendientes, leí los primeros dos o tres relatos y le dije, más o menos: ya he empezado a leer tu libro y creo que ya no voy a tener más remedio que terminarlo…
            Y aquí estamos.


El libro está compuesto por dieciocho relatos de extensión muy similar, siempre en primera persona y siempre en presente. He aquí una de las razones de la valentía a la que me refería antes. Ese uso directo y cercano, casi de crónica, lo convierte en un libro de narración clara, transparente. Pienso aquí en aquello que decía Albert Camus, algo así como que los que escriben con claridad tienen lectores, y los que escriben oscuramente tienen comentaristas… Y lo digo yo, que tengo algunos oscuros predilectos. Pero otra cosa son aquellos colegas que empiezan y que se presentan oscuros a ultranza, difíciles de entender como estrategia para parecer mejores en medio del despiste. Aquellos que ejercen de oscuros y diletantes y se esconden en una elipsis no siempre sumadora. Desde luego, Carmona del Barco apunta a tener lectores a los que les guste la suciedad de lo real, la mugre de la verdadera realidad que nos acecha. Porque el estilo de este autor es así de descarnado y descarado. La mayoría de las historias tienen a la mujer como protagonista pero todas son historias sórdidas, de personajes aquejados por diferentes taras, trastornos o desgraciados avatares que marcan su inmediato devenir y que los convierten en seres atormentados. Gente a los que un día, de repente claro, les ocurre algo que los hunde en una crisis existencial de la que intentan huir, casi siempre sin conseguirlo. Personajes que intentan acercarse al ideal de lo que querrían ser, a la utopía y la imagen falsa de sí mismos. Recuerdo aquí también una de las cuestiones de manual literario, que no de autoayuda, por cierto, que el título cada vez me parece más irónico; y que consiste en aquello de que la vida de color de rosa no tiene literatura o dicho de otra manera, que la literatura se alimenta del conflicto y la tristeza humana. ¿Hay algo más triste que una prostituta que le lee Cioran, precisamente Cioran, a un amigo ciego? Pues eso es lo que hace la protagonista del relato McHegel, a mi modo de ver, uno de los destacados. Un relato que ilustra especialmente las pinceladas poéticas del estilo de Carmona del Barco, quien sin embargo tiende a lo truculento, lo irónico o lo surreal. McHegel, empieza así: Me doy asco porque trabajo para el Demonio y no me muero de hambre. (…) o sigue, más adelante, en pleno diálogo con Sebas, el ciego, un personaje secundario extraordinario al que la protagonista le dice: Con tus venas cargadas de noches, te hallas entre los hombres como un epitafio en medio de un circo.
            Además de este, los relatos que más me han gustado son Mínima alma mía, Se ofrece mujer triste como modelo para fotógrafo loco o El título.
            Mínima alma… se abre con la cita de un poema fúnebre de Publius Aelius Hadrianus:
Animula, vagula, blandula
Hospes comesque corporis
Quae nunc abibis in loca
Pallidula, rigida, nudula,
Nec, ut soles, dabis iocos…

            Del que no me resisto a plasmar la traducción de un tal Julio Cortázar aquí mismo:
Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño…

            Y como sugiere la cita, trata de la degradación del alma humana, hasta el descenso a los infiernos. En este caso, el infierno de unos lavabos públicos, donde un homosexual va a buscar el puro placer, pero a través de ello, también la sensibilidad y el amor de sus desconocidos, atropellados  y ocasionales amantes. En lugar de ello, un día lo que encuentra es a otro homosexual reprimido y vencido por el odio hacia sí mismo, un maricón, cosa que el mismo personaje dice querer comprobar que no es. Una bestia, una víctima del monstruo sin rostro de los homófobos tiempos que corren, y que termina por agredirlo casi hasta la muerte. Y el protagonista, desde el dolor de la agresión siente compasión, seguro de que el agresor no tuvo la suerte de haber sido amado como él cuando era niño, por una madre por ejemplo como la suya, a quien tiene en casa y cuida como a una reina.
            Se ofrece mujer triste como modelo para fotógrafo loco narra dos huidas, la de una mujer desahuciada a la que le queda un mes de vida y un solo pecho, y la ausencia del izquierdo, subrayada por una cicatriz que parece una sonrisa cosida… y la huida del propio fotógrafo cuya cámara le sirve para ahuyentar la insoportable existencia. Y entre ambas, la mirada del niño, hijo del fotógrafo, que ilustra la esperanza de salvación.
            Finalmente El título es una historia de superación, o de su desesperada búsqueda, la de una mujer venezolana, inmigrante y recientemente enviudada. Es bella y está preparada intelectualmente, tiene un título, un Máster en Sociolingüística por la Universidad de Caracas y debe reconstruir su vida después de la viudedad. Pero no le será fácil, como su difunto esposo el mundo es machista, y la miran como a un objeto sexual que cazó en su día al marido español. Debería ser horrible o incluso deforme para que en las oficinas de empleo no la mirasen solo al escote, y se siente atrapada y vencida por esos prejuicios y ese machismo, incluso como el del propio cuñado, que fantasea con seducirla ahora que está libre como un taxi. Desesperada piensa en el suicidio pero afortunadamente, al final recuerda a su padre que siendo ella estudiante, le colgó su primer examen suspendido en la nevera y que ante su pregunta, llorando ella, de porqué hacía eso; el padre le contestaría: Por tu bien Amelia. También estamos hechos de fracaso.
            Además de estos cuatro relatos destacados, tenemos también a un payaso ex toxicómano que quiere redimirse mediante la sonrisa y la tristeza de su máscara, tenemos cárceles y delincuentes vocacionales, personajes en definitiva que viven inmersos en su propia miseria y que no aspiran a otra cosa que a poder contarlo para que su voz de fe de haber vivido.
Quiero añadir que en general, todos los relatos van ganando en interés línea a línea, empiezan con una tensión cautelosa, como tanteando la historia y al lector y se disparan hacia una tensión final en un in crescendo de dramatismo, de lirismo o a una sorpresa final, que te zarandean de placer en el desenlace.
            Un poco como le ocurre al conjunto del libro pero quizás al revés, ya que por ponerle alguna pega, los relatos según mi opinión van de mayor a menor interés o calidad, siendo infinitamente mejores y muy buenos los primeros y no así tanto los últimos.
En cualquier caso, doy por confesada mi grata sorpresa ante este joven narrador y le auguro otros buenos y aún mejores libros en un futuro próximo.


Miguel Ángel Carmona del Barco es licenciado en Humanidades y diplomado en Biblioteconomía y Documentación, dirige el Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez (CELARD), donde imparte talleres y cursos de escritura y es colaborador habitual en diversos medios de radio y prensa escrita. Manual de autoayuda es su primer libro de cuentos.


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